El Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, vuelve a quedar envuelto en una fuerte polémica internacional. En las últimas horas, el conflicto entre USA y Venezuela reavivó una pregunta incómoda que ya circula en ámbitos políticos y deportivos: ¿puede la FIFA quitarle la sede a uno de los países organizadores?
El impacto del ataque que derivó en la caída de Nicolás Maduro generó un temblor geopolítico con eco global. En ese contexto, la organización del evento más importante del fútbol volvió a quedar bajo la lupa, especialmente por el rol central que tendrá territorio estadounidense durante el torneo.
Por qué surgió el debate sobre la sede del Mundial 2026
El interrogante tomó fuerza a partir de un antecedente reciente: la exclusión de Rusia de todas las competencias oficiales tras la invasión a Ucrania en 2022. A partir de ese precedente, comenzaron las comparaciones y las voces que reclaman una medida similar contra Estados Unidos.
Sin embargo, el marco normativo de la FIFA marca una diferencia clave. Las sanciones que aplica el organismo están dirigidas exclusivamente a federaciones deportivas, no a Estados nacionales. Por ese motivo, hoy no existe una herramienta legal directa que permita desplazar a Estados Unidos como sede del Mundial.
Qué dicen los estatutos de la FIFA
Los reglamentos de la FIFA no contemplan castigos automáticos para países que realicen acciones militares contra otros Estados. El único punto cercano aparece en el artículo 3, donde se establece que la entidad “se compromete a respetar y promover los Derechos Humanos reconocidos internacionalmente”.
En tanto, los artículos 16 y 19 se refieren únicamente a la independencia política de las federaciones miembro, sin involucrar decisiones de los gobiernos. Además, el Código Disciplinario del organismo solo prevé sanciones por discriminación o incumplimientos reglamentarios en competencias deportivas, no por conflictos bélicos.
El antecedente ruso y la diferencia clave
La salida de Rusia del fútbol internacional respondió a una decisión administrativa excepcional tomada por FIFA y UEFA, amparada en el concepto de “fuerza mayor”. Las sanciones económicas, restricciones de viaje y riesgos de seguridad hicieron inviable la participación rusa sin comprometer la neutralidad de las competencias.
Ese fallo fue posteriormente avalado por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que respaldó la postura de los organismos rectores del fútbol. En el caso de Estados Unidos, ese escenario todavía no se replica, por lo que no hay fundamentos legales concretos para quitarle la sede del Mundial 2026.
