La dirigente política Elisa Carrió volvió al centro de la escena pública con declaraciones de fuerte impacto que sacudieron el escenario político nacional. Tras un prolongado silencio, Lilita reapareció con un mensaje directo y sin concesiones, en el que advirtió sobre la debilidad del actual esquema de poder y anticipó un final que considera inevitable para Sergio Massa.
Desde el inicio de su intervención, Carrió describió un clima de desesperación en las principales figuras del oficialismo. Según su análisis, las decisiones que se vienen tomando responden más al miedo a perder el control que a una estrategia de gobierno sólida. En ese marco, lanzó una de sus frases más contundentes al señalar que el poder “tiene las horas contadas”.
Uno de los principales apuntados por la exdiputada fue el ministro de Economía, Sergio Massa. Carrió sostuvo que el funcionario atraviesa un momento de extrema fragilidad política y que sus movimientos reflejan un estado de urgencia permanente. Para la dirigente, cuando un gobierno actúa sin límites claros y sin respeto por las reglas institucionales, es porque internamente ya asumió su derrota.
En otro tramo de sus declaraciones, la líder de la Coalición Cívica afirmó que el problema no se reduce a una persona en particular, sino a un sistema de poder agotado. Habló de un deterioro profundo que no solo es económico, sino también moral y político, producto de años de prácticas que erosionaron la credibilidad de las instituciones.
La actual crisis democrática
Carrió también puso el foco en la situación de la República y la división de poderes. Advirtió sobre intentos de condicionar a la Justicia, el uso discrecional del Estado y la manipulación del Congreso como señales claras de un ciclo que se acerca a su fin. Según remarcó, cuando se cruzan esos límites, las consecuencias terminan siendo pagadas por toda la sociedad.
Finalmente, Lilita Carrió reafirmó el rol que históricamente eligió ocupar en la política argentina: el de advertir antes, aun cuando resulte incómodo. Aclaró que sus palabras no responden a una candidatura ni a intereses personales, sino a la convicción de que callar frente a lo que considera una decadencia del poder sería una forma de complicidad.
