(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Durante siglos, el mundo del vino fue un territorio dominado por hombres. No solo en el imaginario, sino también en la estructura real del poder: factores como la propiedad de la tierra, la toma de decisiones y la representación pública pertenecían al ámbito masculino por excelencia. Las mujeres estuvieron presentes, pero muchas veces invisibilizadas, relegadas a tareas secundarias o absorbidas por la figura masculina del vigneron, el productor de vino que trabaja directamente su propio viñedo y elabora el vino a partir de esas uvas. No es solo un viticultor ni solo un enólogo: es ambas cosas integradas en una misma figura. En las últimas décadas, ese mapa empezó a cambiar de manera constante, en una transformación que llegó para quedarse en el vínculo de mujeres y vino.
Hoy, enólogas, viticultoras y sommeliers ocupan posiciones centrales en regiones históricamente masculinas. Ya no son una excepción: son protagonistas con autoridad técnica, capaces de dialogar de igual a igual con críticos y mercados. Su irrupción no responde a una moda, sino a una transformación profunda del sector, impulsada por formación académica, dominio del viñedo y una nueva lectura del vínculo entre vino y territorio. La innovación vitivinícola que comenzó en los años 80 y se consolidó en los 90 favoreció este despegue, de la mano de avances tecnológicos que mejoraron sustancialmente la calidad del vino, como la irrupción de los tanques de acero inoxidable y el control preciso de las temperaturas de fermentación y los tiempos.
El fenómeno no es homogéneo. En Francia, Italia, España, Estados Unidos y América Latina, las mujeres llegaron al vino por caminos distintos. Lo que las une no es el sexo, sino el impacto concreto que tuvieron sobre qué vinos se hacen, cómo se hacen y cómo se interpretan.
Borgoña y Champagne: precisión extrema y lectura del terroir
En Borgoña, Lalou Bize-Leroy es una figura fundacional del vino contemporáneo. Al frente de Domaine Leroy, una de las bodegas más prestigiosas del mundo, y como histórica codirectora de Domaine de la Romanée-Conti, llevó la biodinamia a un extremo inédito en la región. Sus vinos —pinot noir y chardonnay— se caracterizan por rendimientos bajísimos, fermentaciones naturales y una concentración energética fuera de escala. El objetivo no es la potencia, sino alcanzar profundidad, textura y persistencia en el tiempo. Son vinos de guarda larguísima, considerados entre los más complejos del mundo.
En Champagne, Caroline Dufour, de Leclerc Briant —maison ubicada en Épernay, pionera en viticultura orgánica y biodinámica en una región históricamente dominada por grandes casas industriales—, y Cécile Bonville, actual responsable de la Maison Franck Bonville, bodega familiar de Avize, en la Côte des Blancs, impulsaron un giro hacia champagnes de parcela. Fermentación parcial en barrica, dosificación mínima y fuerte énfasis en chardonnay de suelos calcáreos dieron lugar a blancs de blancs tensos, extra brut o brut nature, de perfil salino y alejados del estilo industrial.
Italia: identidad, ligereza y vinos de lugar
En Alto Adige, Elena Walch redefinió el perfil del norte italiano. Produce chardonnay estructurados de clima frío, gewürztraminer aromáticos pero secos, pinot grigio con cuerpo y pinot noir de montaña, todos marcados por acidez, frescura y claridad varietal. Su trabajo posicionó a la región como sinónimo de blancos y tintos elegantes de proyección internacional, demostrando que la aromaticidad no es el único valor en los vinos blancos de clima frío.
En Sicilia, Arianna Occhipinti es una de las grandes referentes del vino natural europeo. Sus vinos se basan en frappato y nero d’avola, vinificados sin correcciones, con fermentaciones espontáneas y mínima extracción. El resultado son tintos de bajo alcohol, frescos, florales y profundamente territoriales, que rompieron con la imagen pesada y madura del vino siciliano tradicional.
España: garnacha, cariñena y ruptura estilística
En Priorat y Montsant, Sara Pérez fue clave en el cambio de paradigma. Apostó por garnachas y cariñenas de viñas viejas, con menos madera, alcoholes más contenidos y mayor expresión mineral. Sus vinos dejaron atrás el modelo concentrado y opulento de los años noventa y abrieron paso a un Priorat más austero, vertical y gastronómico.
Estados Unidos: íconos y precisión técnica
En Napa Valley, Heidi Barrett fue responsable de algunos de los cabernet sauvignon más influyentes de California, asociados a bodegas ícono. Sus vinos combinan madurez de fruta, estructura tánica y capacidad de guarda, con un control técnico que evitó excesos. Fue una de las primeras mujeres en liderar el segmento de vinos de ultra alta gama en Estados Unidos.
América Latina: blancos de altura y liderazgo regional
En Argentina, Susana Balbo tuvo un impacto doble. Por un lado, reposicionó el torrontés como vino blanco seco de calidad, aromático pero preciso. Por otro, impulsó blends blancos de altura, malbecs modernos y proyectos que combinan innovación y escala. Su rol fue decisivo para la visibilidad internacional del vino argentino producido por mujeres.
La sala: nuevas formas de prescribir el vino
En la sommellerie, Pascaline Lepeltier transformó la manera de pensar las cartas de vino en restaurantes de alta gama. Defensora de vinos orgánicos, naturales y de pequeños productores, amplió el canon hacia regiones invisibilizadas y estilos no hegemónicos, sin resignar rigor técnico.
Desde América Latina, Paola Restrepo aportó una mirada pedagógica y contemporánea, enfocada en la diversidad regional, la narrativa del productor y el vino como expresión cultural antes que como objeto de lujo.
Hablar de mujeres en el vino hoy es hablar de qué vinos se elaboran, qué estilos dominan el mercado y quién toma las decisiones. Propiedad, técnica, viticultura, prescripción y relato.
Mujeres como Lalou Bize-Leroy, Elena Walch, Sara Pérez, Arianna Occhipinti, Heidi Barrett, Susana Balbo o Pascaline Lepeltier representan tenacidad y precisión, intuición y erudición. Una transformación estructural del vino contemporáneo. Desde la viña hasta la copa, el mapa ya cambió. Y no hay retorno posible.
