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POLÍTICA

“A favor o en contra”: los riesgos del acuerdo comercial entre el gobierno de Javier Milei y Estados Unidos

 

Una exdiputada analizó el pacto comercial con EE.UU. y sostuvo que no es un fracaso, pero sí una negociación “asimétrica y defensiva”.

 
Argentina Estados Unidos Javier Milei Donald Trump

Graciela Camaño, exministra de Trabajo durante el gobierno de transición de Eduardo Duhalde, analizó en detalle el acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos impulsado por el gobierno de Javier Milei. En este sentido, planteó una evaluación intermedia sobre su alcance. A través de la red social X, la también exdiputada nacional aseguró que el entendimiento no puede ser catalogado como un “gran acuerdo”, aunque tampoco como un fracaso estructural.

Camaño explicó que revisó “sector por sector” el contenido del entendimiento y lo comparó con experiencias de países que firmaron tratados similares con la Casa Blanca. Desde ese enfoque, la exfuncionaria definió el resultado como una negociación con fuerte asimetría, condicionada por la necesidad argentina de previsibilidad y anclaje externo.

El análisis del acuerdo

En su publicación, Camaño sostuvo textualmente: “Llego a una primera conclusión: este no es un ‘gran acuerdo’ negociado desde una posición de fuerza, pero tampoco es un fracaso en sí mismo”. Y precisó que se trata de “una negociación asimétrica, defensiva y estratégica” entre una potencia que busca exportar estándares y un país que necesita estabilizar expectativas.

Argentina y Estados Unidos

Según describió, “Javier Milei negoció para entrar y estabilizar expectativas; Estados Unidos, para exportar estándares y asegurar cadenas estratégicas”, marcando así la diferencia de objetivos entre ambas partes. A su entender, el texto refleja la correlación de fuerzas y la urgencia macroeconómica argentina. También repasó antecedentes internacionales y señaló que los acuerdos con EE.UU. muestran resultados muy distintos según el país.

Riesgos y condiciones para que el acuerdo funcione

Camaño además advirtió que los tratados comerciales “no funcionan solos” y que su impacto depende de las políticas internas posteriores. Indicó que en países con resultados intermedios, como México, Perú y Colombia, hubo más exportaciones e inversión, pero sin resolver problemas estructurales como salarios bajos o escaso valor agregado. También alertó que en experiencias débiles -mencionó países de Centroamérica y algunos acuerdos en Medio Oriente- la apertura rápida combinada con Estados frágiles derivó en “especialización pobre y alta vulnerabilidad externa”.

Sobre el caso argentino, marcó: “El verdadero riesgo no está en haber firmado, sino en cómo se implemente”. Camaño también enumeró posibles desvíos: apertura desordenada, falta de reconversión productiva, mala utilización de cláusulas técnicas y confusión entre alineamiento estratégico y renuncia negociadora. Como síntesis, planteó que el acuerdo debe evaluarse como una herramienta y no como un dogma. Y concluyó: “No como una traición: una herramienta que todavía puede jugar a favor o en contra. La diferencia la hace Argentina”.