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POLÍTICA

Catamarca: por qué La Alumbrera reactiva la lucha antiminera

 

Los tambores de guerra suenan otra vez en Andalgalá, y esta vez los pueblos originarios y los habitantes de la alta montaña han decidido que no les van a vender espejitos de colores.

 
Catamarca

(Por Diego Nofal).- El fantasma de un viejo conocido vuelve a pasearse por las serranías de Catamarca, y no precisamente para traer una bolsa de regalos. La reactivación de Minera La Alumbrera, ahora en su versión rebautizada como Proyecto MARA, ha encendido todas las alarmas en las comunidades que durante más de una década fueron testigos y víctimas de lo que muchos consideran el peor ejemplo de impunidad ambiental en la historia del noroeste argentino. Por eso la lucha antiminera se reactiva.

Los tambores de guerra suenan otra vez en Andalgalá, y esta vez los pueblos originarios y los habitantes de la alta montaña han decidido que no les van a vender espejitos de colores. La memoria colectiva pesa más que cualquier promesa de progreso fácil, y vaya si tienen razones para desconfiar. Porque la lucha antiminera en Catamarca tiene muchísima historia, pero una de las historias más importantes se escribió con la resistencia de Andalgalá y más de diez años de batallas judiciales contra la mina La Alumbrera. 

Durante más de una década, la minera explotada por Glencore y otras empresas subsidiarias más pequeñas acumuló denuncias en la justicia catamarqueña, tanto en la local como en la federal, sin lograr durante todo el tiempo que la mina estuvo en funcionamiento que se condene por daño ambiental a la empresa.

Es como si la justicia provincial hubiera mirado para otro lado mientras el veneno se filtraba lentamente bajo sus narices. La impunidad fue el sello con el que La Alumbrera se presentó y operó en la provincia, como un elefante en un bazar de cristal al que todos fingían no ver.

Parece que la Justicia de Catamarca hubiera mirado para el otro lado

Resulta paradójico y hasta un poco patético que haya sido la justicia federal de la provincia de Tucumán la que terminó por condenar a los operarios de la minera por grave contaminación ambiental en la cuenca Salí-Dulce. Es decir, la minera que destruyó gran parte de Catamarca sin cumplir las promesas de desarrollo que había llevado, por ejemplo, al pueblo de Santa María, fue condenada por contaminar a la provincia de Tucumán y a la de Santiago del Estero. 

Pero jamás recibió una condena por la contaminación ambiental en la provincia de Catamarca, a pesar de que se denunció en varias oportunidades el pinchamiento del mineraloducto que transportaba material altamente contaminante y todavía sin procesar. Parece que para ser escuchado en los tribunales catamarqueños había que tener domicilio en otra provincia.

El daño causado no fue precisamente un detalle menor ni un accidente de difícil previsión. La empresa utilizó el agua del río Santa María indiscriminadamente, contaminó el pueblo, lo secó para siempre y acabó con los frutales que adornaban esa localidad catamarqueña y le daban vida y color a sus paisajes. Nunca recibió una condena por eso, como si los durazneros y nogales marchitos fueran parte natural del paisaje minero. Por eso, la reactivación de mina La Alumbrera volvió a encender las alarmas de la lucha antiminera. Todavía se recuerdan los diez años de procesos judiciales sin obtener respuesta en Catamarca, un récord de paciencia que cualquier récord Guinness debería contemplar.

Hubo, sin embargo, un pequeño respiro para la esperanza en el año 2017, cuando finalmente la Cámara Federal de la provincia de Tucumán terminó por condenar a los directivos de la empresa por la bochornosa contaminación a la que había sometido al afluente Vis Vis, al canal DP2 y, a través de ellos, a toda la cuenca de los ríos Salí y Dulce.

Fue una sentencia que llegó desde afuera, como si los catamarqueños no merecieran justicia en su propia tierra. El ingeniero Héctor Nieva, que fue inspector ambiental y alertó sobre las filtraciones del dique de cola desde 1997, confirmó lo que todos sospechaban: la empresa impactó el medio ambiente a sabiendas y lo que dejó lo padecerán las generaciones futuras .

Raúl Jalil

Nuevamente, suenan los tambores de la resistencia

Ahora los tambores de lucha de la resistencia vuelven a escucharse de fondo, con un sonido grave y profundo que retumba en los valles. Los pueblos originarios catamarqueños, junto con quienes habitan los pueblos de alta montaña, han decidido ponerse en pie de lucha y no permitirán que se siga usando su agua para explotaciones mineras que no dejan nada en la provincia.

Porque el negocio es simple: solo extraen el oro, solo rasgan a la madre tierra, que en esos lugares es la máxima deidad, y a cambio dejan cráteres, desechos tóxicos y promesas incumplidas. Como bien señalaron los vecinos de Choya, el olor a azufre ya no es a tierra mojada sino a podrido, y el río que antes era vida hoy avanza como una película de terror en las madrugadas. La Pachamama habla a través del agua, solo hay que saber escuchar.