El nombre de Valentín Barco vuelve a sonar con fuerza en Europa y, como consecuencia, también en la Selección Argentina. El ex Boca atraviesa su mejor momento desde que dio el salto al exterior y su rendimiento en Racing de Estrasburgo lo colocó en el radar de un gigante: Chelsea.
La noticia no solo abre un escenario de mercado, sino también un debate que en el entorno de la Albiceleste empieza a crecer: si mantiene este nivel, Barco puede meterse en la conversación grande rumbo al Mundial 2026.
Y no solo como “proyecto”, sino como una opción real.
El efecto Chelsea: por qué su pase parece más posible de lo que muchos creen
En Francia, Barco encontró algo que parecía clave para su carrera: continuidad, confianza y un contexto competitivo donde pudo adaptarse al fútbol europeo. Su evolución física y su ritmo de juego cambiaron por completo la percepción que existía sobre él.
En ese marco, el interés de Chelsea no aparece como un simple rumor. Hay un punto central: Chelsea y Estrasburgo forman parte del mismo grupo empresarial, un detalle que en el mercado moderno puede acelerar cualquier operación.
De hecho, ya se vieron movimientos similares entre clubes vinculados, donde el pase no se convierte en una “negociación eterna”, sino en una decisión interna.
Además, el entrenador que hoy está en el entorno del club inglés ya lo conoce y lo valora, y esa relación empuja todavía más la posibilidad.
Los números que lo ponen en la órbita de Scaloni: omnipresente y con impacto real
Lo que más llama la atención del presente de Barco no es solo su técnica, sino su influencia total en el juego. En la liga francesa, se convirtió en un futbolista que aparece en todos lados, con un despliegue constante y una participación altísima por partido.
Según métricas habituales del rendimiento en Europa, su presencia se nota en:
- Volumen de intervenciones (con una media cercana a los 75 toques por encuentro).
- Capacidad para provocar faltas cuando conduce y rompe líneas.
- Ritmo alto en campo rival, con una cantidad importante de pases en zonas ofensivas.
Y hay un dato que explica mucho: su precisión ronda el 86%, pero no por jugar “seguro”. Todo lo contrario: arriesga, filtra, cambia de orientación, busca paredes y finaliza jugadas con centros o envíos largos.
En una competición física y exigente, ese combo es oro.
El debate que crece: ¿Barco puede ser el recambio natural de De Paul?
En la Selección Argentina, el rol de Rodrigo De Paul es prácticamente estructural. Pero el fútbol no perdona: el recambio siempre llega, tarde o temprano.
Y en este momento, Barco es uno de los pocos jugadores argentinos en Europa que, por características, empieza a parecerse a ese perfil: intensidad, despliegue, personalidad y una capacidad constante de aparecer en zonas distintas del campo.
En esa comparación aparece un concepto que ya se escucha en análisis y coberturas: Barco es el primero que “le mete presión real” a un emblema en esa zona del equipo.
Otros nombres, como Exequiel Palacios, siguen siendo opciones, pero el crecimiento del ex Boca en Francia empieza a cambiar el orden de la conversación.
Una ventaja clave para 2026: su polifuncionalidad y la “carta” que le suma valor
Más allá del nivel, Barco tiene algo que Scaloni siempre priorizó: versatilidad.
En su recorrido ya demostró que puede rendir como:
- lateral izquierdo,
- mediocampista por banda,
- interior con ida y vuelta,
- e incluso en una posición más central, donde hoy se lo ve más cómodo.
Esa polifuncionalidad no solo lo hace atractivo para un club como Chelsea: también lo vuelve una pieza que puede entrar en una lista mundialista por múltiples caminos.
Con el Mundial 2026 cada vez más cerca, el presente de Barco ya no se cuenta como promesa: se empieza a contar como posibilidad concreta.
