Figura temida y respetada dentro de las cocina más famosa de la televisión, Germán Martitegui se convirtió en una de las voces más filosas de MasterChef Celebrity Argentina. Con devoluciones que pueden levantar o hundir a un participante en segundos, el chef volvió a marcar territorio en una gala cargada de tensión. Esta vez, su mensaje no fue solo técnico: fue una advertencia directa al corazón de un participante que venía golpeada.
En una noche de “última chance”, Germán Martitegui observó cerca el desafío que enfrentaba Marixa, quien no había obtenido ventajas en la subasta y debía cocinar una exigente bondiola de jabalí en apenas 55 minutos. El clima era espeso, y Martitegui sabía que cualquier error podía dejarla al borde de la eliminación. Sin embargo, lo que terminó destacándose no fue solo el plato, sino el mensaje que él eligió darle frente a todos.
Mientras en las estaciones volaban chicanas, Marixa respondió con picardía y hasta recordó la broma pesada de la “araña peluda” que le arrojaron en plena cocción. Pero cuando llegó el momento de la verdad, Germán Martitegui dejó de lado el show y se enfocó en algo más profundo: la estabilidad emocional dentro de la competencia.
El plato se sorprendió. Jabalí con croute, coliflor, uvas a la crema y salsa de pasas de ciruela fue la propuesta que presentó al jurado. Entre bromas de Damián Betular y elogios cálidos de Donato de Santis, el clima comenzó a distenderse. Marixa, visiblemente emocionada hizo una poderosa confesión. “Hoy quiero decirles que me sentí por primera vez cocinera… me sentí muy segura entendiendo cada paso”, señaló.
El consejo de Germán Martitegui
Pero fue entonces cuando Germán Martitegui tomó la palabra y cambió el tono de la noche. Recordó que días atrás la participante se había ido “muy mal”, afectada por una devolución que no le gustó y “al borde de cometer una locura”. Lejos de endulzarle el oído tras los elogios, el chef lanzó una reflexión que resonó fuerte en el estudio.
«El consejo que me aplico a mí mismo… el día que hay que controlarse es hoy. Hoy no tenés que subirte tanto a los elogios así después no te afectan tanto las críticas», le dijo Germán Martitegui, mirándola fija. La frase cayó como un baldazo de agua fría en medio del festejo. No era un reto, pero sí una advertencia clara.
