River no encuentra regularidad y Marcelo Gallardo sigue cargando con las secuelas de una temporada para el olvido. Después de superar a Barracas y Gimnasia, el conjunto de Núñez sufrió un duro golpe al caer de local frente a Tigre. Fue una caida dura, que desató el malestar de los hinchas.
Con esto, River atraviesa una de sus semanas más tensas tras la goleada sufrida por 4-1 en el Monumental. Más allá de la pérdida del invicto, lo que verdaderamente preocupa al cuerpo técnico liderado por Gallardo es una estadística demoledora. El dato puso en el ojo de la tormenta a sus principales atacantes.
El dato que preocupa a todo River
La derrota dejó al desnudo una crisis ofensiva sin precedentes en este ciclo de River. La racha negativa es encabezada por Facundo Colidio, quien ya acumula 22 partidos consecutivos sin convertir goles. Su último festejo oficial data del pasado 19 de julio ante Instituto. A esta sequía se suma la de Maximiliano Salas. Tras un inicio prometedor el año pasado, lleva 11 encuentros sin marcar desde aquel gol clave a Racing en octubre. El panorama se agrava con la situación de Sebastián Driussi. El ex Austin FC arrastra 13 juegos sin gritar un gol y, para colmo, se encuentra fuera de las canchas por un desgarro sufrido recientemente ante Rosario Central.
El clima en las tribunas del Monumental este último sábado reflejó el hartazgo generalizado. Al momento de ser reemplazados, tanto Colidio como Salas fueron reprobados por la hinchada de River. Se marcó así un quiebre evidente en la relación con el público debido a la falta de puntería. Ante esta falta de respuestas, Gallardo se enfrenta a un dilema táctico urgente de cara al próximo compromiso frente a Argentinos Juniors.
La luz de esperanza para los fanáticos es el regreso de Agustín Ruberto, quien ante Tigre volvió a sumar minutos tras recuperarse de una grave lesión de rodilla. Con los titulares habituales bajo la lupa y la enfermería ocupada por Driussi, crecen las chances de que el juvenil o incluso Kendry Páez asomen como las soluciones inmediatas para «patear el tablero».
