El 6 de enero marcó un antes y un después en la vida de Christian Petersen. Tras casi 30 días internado, el reconocido chef argentino volvió a su casa luego de atravesar una grave emergencia de salud que comenzó el 12 de diciembre durante una excursión al volcán Lanín, en San Martín de los Andes.
El recuerdo de Christian Petersen
En diálogo con Alfredo Leuco en Le doy mi palabra (Radio Mitre), Petersen reconstruyó lo ocurrido y sorprendió con una frase estremecedora: “Me acuerdo de pensar: ‘Me muero acá en el Lanín. Espero que mis hijos sean felices porque muero con las botas puestas’”. El chef explicó que había sido un año especialmente difícil a nivel personal y laboral. La muerte de un socio cercano, el estrés de sostener una empresa con 450 empleados y una reciente intoxicación en Brasil fueron factores que, según los médicos, influyeron en el cuadro que terminó desencadenando una arritmia severa.
“Soy una persona que entrena dos o tres horas por día. Estaba aburrido y dije: voy a subir un volcán. Estaba físicamente bien, pero no me di cuenta del costo energético que traía acumulado”, relató. Durante la travesía, decidió no hacer cumbre y comenzó el descenso. Fue allí cuando el guía notó que estaba alterado y llamó a una ambulancia. “Me dijeron que tenía arritmia y que me iban a medicar por las dudas. Después de eso no me acuerdo más”, explicó. Despertó días después en el Hospital Alemán, ya en unidad coronaria.
El diagnóstico fue contundente: miocarditis previa agravada por el estrés y la exigencia física extrema. “Ya tenía el corazón inflamado antes de subir al Lanín y estaba re estresado. No me escuché”, admitió. Petersen también reveló un detalle clave: esa semana no tenía su reloj para medir pulsaciones porque se le había roto. “Si me hubiera escuchado, no subía. Qué salame fui”, dijo con crudeza.
Hoy, en plena recuperación, el chef dejó un mensaje claro sobre la importancia de la prevención: “Escúchense más. Háganse chequeos. El cuerpo te avisa”. Agradecido con los guías y el equipo médico que lo asistió, Christian Petersen reconoce que tuvo suerte. Su experiencia se convirtió en una advertencia sobre los riesgos del estrés crónico y la autoexigencia extrema, incluso para quienes se sienten físicamente preparados.
