En el arranque de la emisión de SQP (América TV), Yanina Latorre regresó a la conducción tras sus vacaciones y presentó a Sabrina Rojas, quien la reemplazó durante cuarenta días al frente del ciclo. El reencuentro derivó en una entrevista íntima y sin filtros, en la que la actriz habló de su presente, celebró su crecimiento profesional y se animó a revisar los momentos más duros de su relación con Luciano Castro.
Antes de entrar en temas personales, Yanina destacó el trabajo de Sabrina durante su ausencia y remarcó que eligió no intervenir en el programa para que pudiera imprimirle su propio estilo. “Te quiero agradecer acá públicamente porque la rompiste”, le dijo, reconociendo su desempeño como conductora.
La gran revelación de Sabrina Rojas en SQP
La charla tomó un tono más profundo cuando Latorre le preguntó por el impacto que tuvo la separación de Luciano Castro en su vida. “¿No sentís que desde que te separaste sos otra?”, lanzó la conductora. La respuesta fue directa y contundente: “Estaba apagada”.
Sabrina explicó que durante muchos años vivió priorizando al otro, incluso por encima de sus propias necesidades. “Yo renací porque estaba más pendiente del otro, porque el otro también necesitaba otra atención”, confesó. En ese marco, se refirió a la repercusión que tuvieron sus dichos sobre el “rol maternal” que sintió que ocupó en la pareja y aclaró que no hablaba de tareas domésticas. “Cuando hablo de maternar, hablo de contener, de cuidar, de sostener para que todo funcione”, precisó.
La actriz también reconoció que durante esa etapa se fue apagando incluso en su forma de expresarse. “Cuando daba notas siempre pensaba en él. No era lo verborrágica que soy ahora”, afirmó, y describió una sensación constante de soledad: “Compartía la casa, pero me sentía sola. Vivía la vida sola”.
Consultada sobre el sufrimiento dentro de la relación, Rojas no esquivó la pregunta. “Sufrí mucho con él. Viví momentos de mucha felicidad, de mucha angustia y de mucha locura. Yo viví una novela”, aseguró. También habló del ciclo de pedidos de perdón y recaídas. “Pide perdón, lo sufre, pero después su personalidad es más fuerte que cualquier cosa”, sostuvo, y vinculó esa dinámica con el ego y cierta sensación de impunidad.
