Tras un mes de funciones en Mar del Plata, Mirtha Legrand regresó a la ciudad de Buenos Aires para continuar con su histórico programa. Sin embargo, el debut porteño no estuvo marcado por el análisis de la coyuntura ni por el perfil de los invitados, sino por una ausencia que alteró el clima del estudio desde el primer minuto: Jimena Monteverde no estaba en la cocina.
El dolor de Mirtha Legrand por su pérdida
Apenas comenzó la grabación, la conductora advirtió que algo no estaba como siempre y no tardó en ponerlo en palabras. Visiblemente emocionada, Mirtha explicó al aire el motivo de la ausencia de su cocinera habitual y dejó ver cuánto le afectó la decisión de la producción. “No está porque tiene su programa, la vamos a aplaudir. Le mando un beso. La voy a extrañar, voy a llorar, la voy a extrañar mucho”, expresó la Chiqui, con la voz quebrada.
Si bien destacó con cariño que Monteverde inició un nuevo desafío profesional al frente de La cocina rebelde (El Trece), Legrand no ocultó su deseo de que ambas cosas pudieran convivir. “Me encanta que tenga su programa, pero me hubiera gustado que continuara con este también”, agregó, antes de aclarar que Mónica sería quien se encargaría del menú esa noche.
La reacción de Mirtha dejó en evidencia el vínculo especial que construyó con Jimena Monteverde a lo largo de las últimas temporadas. La cocinera no solo cumplía un rol gastronómico, sino que se había convertido en una presencia habitual dentro de la dinámica del programa, con intercambios cargados de humor, complicidad y espontaneidad.
En cada emisión, era casi un ritual que la conductora la recibiera con preguntas sobre el menú del día. “¿Qué tenemos hoy de rico?”, solía decirle, dando pie a charlas donde se mezclaban recetas, halagos, chicanas y comentarios personales. Monteverde, por su parte, respondía con entusiasmo y no dudaba en adaptar los platos a los gustos de la anfitriona. La ausencia de Monteverde en esta nueva etapa dejó al descubierto cuánto pesa su figura en el espíritu del programa.
