La liberación de 379 presos políticos en Venezuela marcó un giro significativo en el escenario político tras la aprobación de la histórica amnistía. La medida busca descomprimir la tensión institucional y abrir una nueva etapa de transición. La decisión fue confirmada por autoridades del gobierno interino y comenzó a ejecutarse en las horas posteriores a la sanción.
El anuncio fue realizado por el parlamentario Jorge Arreaza, quien detalló que las excarcelaciones debían concretarse entre la noche del viernes y la mañana del sábado. La medida se da en medio de un fuerte reclamo de familiares y organizaciones que venían denunciando la situación de los detenidos.
La aprobación de la amnistía se produjo tras semanas de protestas, manifestaciones y huelgas de hambre impulsadas por allegados de los detenidos. En ese contexto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez defendió la iniciativa y la presentó como un paso hacia una etapa “más democrática, más justa y más libre”.
Según datos de la ONG Foro Penal, antes del anuncio permanecían encarceladas cerca de 650 personas por motivos políticos. La cifra había comenzado a descender en las últimas semanas tras decisiones judiciales que otorgaron libertades condicionales a otros opositores.
Dudas sobre el alcance real de la medida
Pese al impacto político de la decisión, especialistas y organismos de derechos humanos plantearon interrogantes sobre el alcance efectivo de la ley. Advirtieron que algunos detenidos, especialmente militares acusados de delitos graves, podrían quedar excluidos del beneficio.
En paralelo, el ministro de Defensa Vladimir Padrino respaldó la normativa mediante un comunicado oficial en el que la calificó como una señal de madurez política y un paso necesario para garantizar la estabilidad institucional del país.
Un nuevo escenario tras la caída del gobierno anterior
La sanción de la ley se produce meses después del derrocamiento de Nicolás Maduro, un hecho que reconfiguró el mapa político y abrió un proceso de transición con fuertes tensiones internas. En ese marco, la liberación de presos políticos aparece como un gesto destinado a recomponer el diálogo y reducir la conflictividad.
