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POLÍTICA

No se salvó ni Bad Bunny: la Cámara de Diputados, una inmensa aula de secundario

 

La Cámara de Diputados le mostró una de las peores caras a la sociedad mientras se debatía una ley clave de cara al futuro.

 

La jornada del jueves paralizó, literalmente, a casi todo el país. Con el anuncio de la sesión para tratar la reforma laboral, la CGT convocó, paralelamente, a un paro nacional. Millones de argentinos se vieron afectados por la resolución que tomó el triunvirato que encabeza Jorge Sola. Como consecuencia, todas las luces se posaron en la Cámara de Diputados. Allí los legisladores se citaron para poner en discusión un proyecto de ley tan controversial. Sin embargo, lo más polémico fue el patético comportamiento que expusieron los «representantes del pueblo«.

Jueves 19 de febrero de 2026: Argentina inicia un nuevo día con una parálisis de actividades. El titular de la Confederación del Trabajo anuncia un paro de 24 horas en rechazo a la reforma laboral. Algunos, conformes con la medida, adhieren. Otros, sin remedio alguno, no asisten al trabajo. Por su parte, un sector intenta llegar de cualquier modo para no perder el presentismo. En un contexto incómodo para todo el país, el Congreso se encargó de burlarse de aquellos que esperaban, al menos, que tenga un somero sentido el esfuerzo que estaban haciendo.

Un adelanto al inicio de las clases

Son las 14 horas, como ocurre en cada sesión, comienza a escucharse el timbre -tal cual suena en los recreos-. El oficialismo es el primero en ocupar sus bancas. Se huele confianza, optimismo y seguridad. A La Libertad Avanza se le empiezan a sumar bloques como el PRO -aunque Ritondo fue de los últimos en llegar-, la UCR colaborativa, el MID y otros espacios provinciales. Aún así el quórum -129 diputados sentados- no llegaba. Mientras tanto, UxP y el interbloque de Provincias Unidas se asomaba detrás de las cortinas para «chusmear» si el oficialismo llegaba a darle inicio a la sesión.

Tras un puñado de minutos de tensión, llegó el alivió: el tablero avisó «hay quórum». Explotaron los aplausos libertarios mientras que al mismo tiempo, cabizbajos, como alumno que se entera que el profesor al final no faltó, hacían su ingreso los diputados que intentaron frustrar la sesión. Con todos en sus posiciones, Martín Menem toma la palabra y llama a izar la bandera. Silvana Giudici, una de las alumnas más destacadas de LLA, fue la encargada de encabezar el único momento de comunión entre todos los presentes.

De forma inmediata, la homogeneidad que generó el Himno Nacional se hizo pedazos. El alumno cómplice de la autoridad, Gabriel Bornoroni -jefe de bloque de LLA-, le pidió a Menem votar rápidamente que el proyecto se vote por título y no por artículo. En un acto de coordinación inusitada -o premeditada-, la facción afín al Gobierno levantó la mano en aceptación y los que recién llegaban todavía no estaban despabilados.

Carlos Zapata, el alumno gracioso

La reacción opositora llegó tarde. Como los canales de diálogo no funcionaron, el espíritu adolescente se apoderó de ellos y empezaron a aplaudir al unísono por varios minutos para tapar la alocución de Carlos Zapata, diputado de LLA. En tono de burla, el legislador salteño levantó la voz y agradeció: «Y eso que no soy Bad Bunny».

Horacio Pietragalla, el que no le teme a la autoridad

El legislador de Unión por la Patria dio su discurso contra la reforma laboral calificándola como «esclavista«. Para hacerlo más gráfico aún, terminó su alocución, se levantó y se encaminó hacia la presidencia de la Cámara. En sus manos unas cadenas que terminaron apoyadas en la mesa de Martín Menem. El presidente le pidió que las retire y que «no falte el respeto». Pietragalla sin ningún temor a sanciones, se volvió a su banca desoyendo el pedido.

Lisandro Almirón, con Lengua y Literatura a marzo

El correntino, de La Libertad Avanza, mientras era torpedeado a gritos por la oposición, leyó su discurso. A medida que intentaba continuar con la lectura, levantaba la mirada para responder las acusaciones. Lo cierto es que leyó dos veces el mismo párrafo y se viralizó su error en redes.

Juan Grabois, el irritador

Mientras se llevaba a cabo la votación, el referente de Argentina Humana y Frente Patria Grande, se puso a silbar de una forma constante. La molestia ocasionada fue expresada por Martín Menem, quien le pidió que deje de hacer ruido mientras se esperaba el resultado de la votación. En modo provocativo, Grabois silbaba al ritmo de «Karina es alta coimera».

Germán Martínez, el supersticioso

El jefe de bloque de Unión por la Patria se tomó un tiempo para ir más allá de lo fáctico y se animó a hablar de cuestiones paranormales. Aprovechó el momento en el que se encontraba Karina Milei en el palco del recinto y comentó: «Las brujas no existen, pero que las hay, las hay… No me referí a Karina, eh«.

Florencia Carignano, la rebelde

En medio de una de las tantas revueltas que se armaron a lo largo de las 12 horas de sesión, la congresista peronista aprovechó para hacer una ¿picardía?. Mientras sus compañeros de bloque ejercían presión sobre Martín Menem, la santafesina observó unos cables y terminó desenchufando los micrófonos del recinto. Inmediatamente, en el oficialismo, salieron a denunciarla. ¿Se vienen sanciones?.

Lilia Lemoine, la que no suelta el celular

Otros de los enfrentamientos que tuvo la sesión del jueves tuvo como protagonistas a Lemoine y Paula Penacca. La libertaria decidió filmar a su colega mientras objetaba el trámite de la sesión. Cuando la diputada peronista se percató, se acercó hasta la banca de Lemoine y acusó de «drogadicta» a una legisladora libertaria, recordando también a José Luis Espert.

Todos a marzo

Mientras el país observaba, sus «representantes» hacían un espectáculo digno de un aula de jóvenes que aún se están amigando con la adolescencia. Pasó una prueba trascendental para que la política se vuelva a acercar a aquellos que ya perdieron todo tipo de interés. Los diputados han reprobado un examen con la persona que perdió un vuelo, un turno, un viaje, una changa o el presentismo en el trabajo.

El próximo domingo 1° de marzo comenzarán la sesiones ordinarias. Allí Javier Milei dará inicio a un período donde los legisladores tendrán que demostrar que están a la altura de las exigencias.

Por Hernán Skrypka.