Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los periodistas y conductores más queridos de su generación. Y es que Sergio Lapegüe ha sabido muy bien de qué manera ganarse el cariño del público que lo sigue actualmente en América TV.
Hace unos días, el presentador de Lape Club Social y su familia vivieron un momento de terror a raíz del robo que sufrió su madre que padece Alzheimer, y a raíz de esto, dejó un descargo delante de sus seguidores. «De ella solo recibí afecto. Fue la primera que me cuidó y la que jamás me soltó la mano. Me enseñó, sin discursos y sin teorías, que ser madre es amar sin condiciones. Que los hijos no dejan de ser hijos aunque crezcan, trabajen, se equivoquen o envejezcan. Que el cuidado no se negocia y que el abrazo siempre está disponible. Todo lo que soy empezó ahí, en esa casa donde su voz era guía y su mirada, certeza», comenzó diciendo.
«Recuerdo cuando me daba la mano para cruzar la calle. No la soltaba mientras íbamos a hacer las compras. Yo sentía que nada malo podía pasarme si estaba agarrado a ella. Era una seguridad física, concreta. Su mano era mi frontera con el peligro. La vida, que tiene estos giros extraños, hizo que los roles se invirtieran. Hay días en los que su mirada parece perderse en un punto que solo ella ve. Hay momentos en los que el tiempo se le desarma y los recuerdos se mezclan. Pero cuando le doy la mano, estoy seguro de que, en algún lugar profundo, sabe quién soy. Aunque no pueda decirlo. Aunque no lo demuestre. Su mirada, aun perdida, me da paz. Es como si el amor encontrara siempre la forma de quedarse», apuntó.
Inmediatamente, Sergio Lapegüe decidió ir por más. «Hace pocos días atravesamos un momento muy duro. Tres delincuentes entraron a su casa en Lomas de Zamora, la ataron, le vendaron los ojos, revolvieron todo durante casi una hora. Se llevaron dinero. Dejaron destrozos. Cuando llegué, la escena era desoladora: cuadros rotos, cajones vacíos, colchones dados vuelta. Pero lo único que me importaba era ella. Por suerte, en medio de la violencia, hay algo que su enfermedad le regaló sin querer: no entiende del todo lo que pasó. Aun así, el cuerpo acusa recibo. Hubo un pico de presión. Hubo susto. Hubo angustia. Y también hubo algo más fuerte: familia», expresó.
«A los pocos días celebramos su cumpleaños rodeados de hijos y nietos. Sentí felicidad por verla sonreír. Por comprobar que, a pesar de todo, el amor estaba intacto. Que esa comunión familiar que ella sembró durante décadas hoy la sostiene a ella. La vida no es lo que uno planifica. Es lo que pasa. A veces trae golpes injustos, momentos de indignación, preguntas sin respuesta. Pero también trae estas escenas simples y enormes: un cumpleaños, una familia que se reúne; una mano que no se suelta», manifestó.
«Yo tampoco voy a soltarla. Si alguna vez ella me sostuvo para que no me cayera, ahora me toca a mí. Si alguna vez fue mi refugio, hoy yo quiero ser el suyo. Porque mamá es esa palabra que nos salva cuando somos chicos… y también cuando ya no lo somos tanto. Noventa años no se miden en cifras. Se miden en abrazos, en enseñanzas, en sacrificios silenciosos, en madrugadas sin dormir, en manos extendidas. Se miden en amor», sentenció Sergio Lapegüe.

