La gala de MasterChef Celebrity Argentina tuvo todos los condimentos de una noche decisiva, pero fue Evangelina Anderson quien terminó convirtiéndose en el centro absoluto de la escena. En medio de un desafío técnico de alta dificultad, la participante se quebró al hablar de sus hijos y protagonizó uno de los momentos más emotivos de la temporada.
La consigna no era sencilla: los concursantes debían preparar una croquembouche de 30 centímetros, rellena con crema pastelera y cubierta con caramelo. La prueba exigía precisión, técnica y temple, en una instancia donde cualquier error podía costar la continuidad en el certamen.
Evangelina logró presentar su torre de profiteroles ante el jurado, integrado por Germán Martitegui, Donato de Santis y Damián Betular. Sin embargo, la tensión acumulada salió a la luz cuando Martitegui le hizo una pregunta directa: “¿Por qué te anotaste en MasterChef, Eva?”.
La sincera respuesta de Evangelina Anderson
La respuesta fue inmediata y con la voz entrecortada: “Porque me lo pidieron mis hijos”. Las lágrimas no tardaron en aparecer. “Es una mezcla de orgullo, de tensión, tristeza, felicidad…”, agregó, visiblemente conmovida. La confesión generó un clima de empatía en el estudio y también en redes sociales, donde el momento rápidamente se viralizó.
El reconocimiento del jurado intensificó la emoción. “Vos te querías demostrar muchas cosas cuando entraste acá. Y esto es como la culminación de mucho esfuerzo”, le señaló Martitegui. Lejos de calmarla, esas palabras la quebraron aún más. “Lo que siento en este momento es que se me llena el alma. Se lo dedico a mis hijos. Siempre que cocino, pienso en ellos”, expresó.
Pero la noche no terminó ahí. Cuando todo indicaba que habría una eliminación, Betular sorprendió con el anuncio: “Quien abandona las cocinas, y no regresa más, es… ¡Ninguno!”. El jurado consideró que el nivel fue tan alto que eliminar a alguien hubiese sido injusto. Eso sí, advirtieron que la decisión “traerá consecuencias” en las próximas galas. Así, entre lágrimas, tensión y un giro inesperado, MasterChef volvió a demostrar que en sus cocinas no solo se cocina: también se exponen las emociones más profundas.
