El sector de la carne en Argentina enfrenta un panorama crítico que podría terminar con el cierre masivo de comercios de barrio y frigoríficos que abastecen al mercado interno. Según datos recientes de la cámara Ciccra, la matanza de animales ha caído a sus niveles más bajos en 47 años.
Esta situación se explica debido a que el precio de la carne sigue subiendo, pero la gente cada vez compra menos porque el bolsillo no alcanza. Al bajar la demanda, los carniceros no pueden trasladar todos sus aumentos de costos al mostrador, lo que achica sus ganancias hasta hacerlas desaparecer.
Menos vacas y el consumo por el piso
La falta de carne no es casualidad. Factores climáticos como sequías e inundaciones entre 2021 y 2025 obligaron a los productores a vender sus animales antes de tiempo. Esto redujo la cantidad de vacas madre, lo que significa que habrá menos terneros y menos carne en el futuro cercano.

Además, el consumo de carne por persona ha caído a niveles alarmantes. Actualmente, un argentino promedio consume apenas 47,3 kilos al año, lo que representa una caída del 13,8% respecto al año pasado. Mientras el consumo interno sufre, la producción local bajó un 9,1% en el último mes de febrero.
Exportación en alza y precios que no bajan
A diferencia de las carnicerías de barrio, los exportadores están en un buen momento gracias a la apertura de mercados como el de Estados Unidos e Israel, que pagan precios altos en dólares. Esto genera que haya menos carne disponible para las heladeras argentinas, lo que empuja los precios hacia arriba.
En el último tiempo, cortes populares como la nalga, el cuadril y la paleta subieron por encima del 8% mensual. Los expertos advierten que esta tendencia de precios altos no cambiará pronto, ya que recuperar la cantidad de animales en el campo llevará años. Para muchos carniceros, este modelo de «destrucción creativa» significa, lamentablemente, tener que bajar la persiana definitivamente.
