La cancelación de la Finalissima 2026 desató un fuerte cruce entre dirigentes sudamericanos y la Selección de España, con declaraciones que escalaron rápidamente. Tras los dichos de Alejandro Domínguez y Claudio Tapia, ahora fue Luis de la Fuente quien salió al frente y dejó una respuesta contundente.
El entrenador español habló en conferencia luego de presentar la lista para los amistosos frente a Egipto y Serbia, partidos que reemplazarán al esperado duelo contra la Selección Argentina. Y lejos de esquivar la polémica, fue directo al punto.
De la Fuente fue tajante y negó responsabilidades
El seleccionador no dudó en desmarcarse de las acusaciones y dejó una frase que marcó su postura: “Nosotros queríamos jugar; en Doha, en Buenos Aires, en Miami, en donde nos hubieran dicho”.
Además, reforzó su mensaje: “Estábamos como locos por jugarla. Mi intención siempre fue disputarla, por competir por un título y enfrentar a Argentina”, explicó, dejando claro que desde el lado europeo había predisposición total.
En la misma línea, defendió el accionar de la federación: “La Real Federación Española de Fútbol siempre estuvo posicionada en jugar este partido. Se hizo un trabajazo para intentar que se juegue”.
Un mensaje con indirecta y tensión creciente
De la Fuente también dejó una frase que sonó a respuesta directa a las críticas: “No se ha podido jugar por circunstancias que nada tienen que ver con la RFEF”.
Y fue aún más claro al cerrar su postura: “Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos. Esto es simple: dos no juegan si uno no quiere. Nosotros queríamos jugar”, lanzó, elevando la tensión.
Sus palabras chocan de frente con lo expresado desde Sudamérica, donde apuntaron directamente contra España como responsable de que el partido no se lleve a cabo.
Domínguez y Tapia habían encendido la polémica
El primero en disparar fue Alejandro Domínguez, quien incluso ironizó con el título: “Si aplicamos walkover, Argentina es bicampeón de la Finalissima. No se presentaron”, expresó.
Por su parte, Claudio Tapia también dejó su postura: “Nos enteramos de que España va a jugar el 31 de marzo en Barcelona; como campeones del mundo voy a defenderla como corresponde”, marcando la contradicción en el calendario.
Así, la Finalissima que prometía ser uno de los grandes eventos previos al Mundial 2026 terminó convertida en un foco de conflicto internacional, con versiones cruzadas y un trasfondo que sigue sin resolverse.
