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ESPECTÁCULO

«Era un circo»: Marta Fort habló sin filtros de su infancia junto a Ricardo

 

La hija del Comandante reveló toda la verdad.

 
Marta Fort

Marta Fort tiene solo buenos recuerdos de su papá. Pero también tiene los otros. En una charla íntima con José María Listorti para Blender at Night, la joven modelo se animó a contar los aspectos menos glamorosos de haber crecido junto a Ricardo Fort, el hombre que convirtió su propia vida en un espectáculo permanente y que, sin quererlo, arrastró a sus hijos al centro de la escena desde que eran chicos.

El recuerdo de Marta Fort

“No entendía mi realidad con mi papá”, arrancó Marta, siendo completamente honesta. La mansión Fort era cualquier cosa menos una casa tranquila: productores, prensa, los emblemáticos “gatos de Ford” y desconocidos yendo y viniendo a toda hora. “Era un circo… y yo era la primera en echar a la prensa de mi casa”, admitió, dejando en claro que esa exposición constante era para ella una carga, no un privilegio.

Uno de los recuerdos más surrealistas que compartió tiene que ver con la seguridad que Ricardo Fort implementaba para proteger a sus hijos. “No me gustaba andar con patovas en la calle. Yo tenía cuatro. Encima eran unos impresentables”, bromeó. Y describió con ironía lo absurdo de la situación: “Parecía que salí de la primaria y que iba a buscar plata al banco”, dijo, recordando lo que era caminar dos cuadras de la escuela a casa escoltada por guardaespaldas siendo una nena de siete años.

El momento más divertido de la charla llegó cuando Marta relató el día que le pidió a su papá que, por una sola vez, la dejara caminar sola con sus amigas. Fort accedió. Pero la ilusión duró exactamente una cuadra: “Voy y veo a un pelot… leyendo el diario en la cuadra de enfrente”, contó entre carcajadas. Al reconocer al custodio camuflado detrás del periódico, no se contuvo: “¡Miguel, la con… de su…!”, le gritó, al mejor estilo película de espías.

El clima de realidad permanente también tuvo consecuencias sociales. “Padres de mis amigos no querían que los llevara a mi casa porque era un quilombo”, reconoció, dejando ver que la fama de su padre tenía un costo real en su vida cotidiana. Hoy Marta habla de todo eso con humor y con una madurez que sorprende. El legado de Ricardo Fort vive en sus homenajes, pero también en su capacidad de contar la historia entera, con luces y sombras.