En el mapa de la minería de Catamarca, pocas localidades tienen una ubicación tan estratégica como Hualfín. Rodeada por algunos de los principales proyectos mineros de la provincia, su posición geográfica la coloca —paradójicamente— en lo que muchos empiezan a señalar como el lugar ideal, casi un paraíso logístico, para los grupos antiminero del oeste catamarqueño.
Las distancias hablan por sí solas. Bajo de la Alumbrera se encuentra a unos 25 kilómetros. Los proyectos vinculados a YMAD están a unos 30 kilómetros. A apenas cinco kilómetros aparece El Eje, punto desde donde se inicia el camino hacia los salares de la Puna donde hoy avanzan varios proyectos de litio. Y hacia el este, a unos 150 kilómetros, se encuentra Andalgalá, escenario de algunos de los conflictos mineros más conocidos del país.
Ese mapa geográfico convierte a Hualfín en un punto de observación privilegiado. Desde allí se puede seguir de cerca lo que ocurre en buena parte del corredor minero del oeste catamarqueño y, al mismo tiempo, observar cómo se mueve el debate social que rodea a la actividad extractiva en la región.
Un fenómeno que se repite en varios puntos del oeste de Catamarca
Según fuentes consultadas en la zona, en los últimos tiempos comenzó a observarse un fenómeno que ya se vio en otros puntos del oeste provincial. Las llegadas no son masivas ni visibles. Generalmente aparecen de a uno o dos. Buscan trabajo, alquilan una casa, se integran lentamente a la vida del pueblo y durante los primeros meses procuran no sobresalir demasiado dentro de la comunidad.
Con el paso del tiempo empiezan a tejer vínculos, a participar de reuniones y a involucrarse en los debates locales sobre el desarrollo de la región. Es una dinámica silenciosa que ya ocurrió en otras localidades donde la discusión sobre la minería terminó instalándose con fuerza dentro de la vida social y política de los pueblos.

La masiva exportación de minerales sin que lleguen a las arcas de la Provincia
A ese escenario se suma otro dato que vuelve a alimentar la discusión. Según cifras difundidas recientemente, Catamarca exportó minerales por alrededor de 365 millones de dólares, pero a la provincia le habrían quedado menos de 4 millones de dólares en concepto de regalías. Una diferencia que para muchos resulta difícil de explicar y que vuelve a encender las críticas sobre el esquema de distribución de la renta minera.
En ese contexto, no sorprende que en distintos pueblos del oeste catamarqueño —y ahora también en Hualfín— empiecen a crecer las voces que cuestionan el modelo. Para algunos es desarrollo. Para otros, simplemente, una verdadera fechoría.

