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VIDA Y ESTILO

La it girl del vino: Eliza Dumais y la nueva forma de contar lo que bebemos

 

Entre vinos naturales y noches neoyorquinas, Eliza Dumais se convirtió en la it girl del vino y llevó ese universo a la ficción con una novela romántica.

 
Eliza Dumais

(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Eliza Dumais se mueve con soltura entre el periodismo de estilo de vida, la curaduría de eventos vinculados al vino y una pasión que deja huella: la escritura. Si tuviéramos que definir su estilo, podríamos decir que habla del vino de una forma no convencional, más bien todo lo contrario. Inmersa en un mundo de sensaciones, aborda el vino desde una orilla opuesta a la habitual.

En este microcosmos levitan las sensaciones, que dejan atrás, muy atrás, los convencionalismos a la hora de describir un vino. “Es lo suficientemente ligero para quienes dicen ‘no bebo tinto’, y lo bastante estructurado para los papás del cabernet” es solo un ejemplo de cómo elige recomendar Bisou, de Domaine Mosse, para llevar a una comida. Esta frase, además de original, marca un enfoque tan poco común como inspirador. En un mundo donde las descripciones suelen estar estandarizadas, este lenguaje aporta frescura y nos enfrenta directamente a un universo nuevo de sensaciones.

Durante años fue coeditora de Swurl, una revista independiente de vino que se volvió influyente dentro del circuito joven, urbano y natural. Al mismo tiempo, moderó paneles, organizó catas y colaboró con importadores clave del vino natural en Estados Unidos, lo que la convirtió en una figura reconocida dentro del sector.

Su especialidad es el vino natural, un movimiento que privilegia la mínima intervención y una relación más directa entre viñedo, productor y consumidor. Aunque no es sommelier, Eliza Dumais se convirtió en una de las voces más influyentes de este universo gracias a su forma de escribir y transmitir sus vivencias con el vino desde un punto de vista personal y cercano al consumidor.

Una voz que cambió la forma de hablar de vino

En un universo que todavía arrastra jerga solemne y rituales intimidantes, Dumais propone otra cosa. Habla de sensaciones antes que de tecnicismos. Describe vinos con imágenes inesperadas, a veces incómodas, siempre memorables. En lugar de repetir el vocabulario clásico, se permite decir que un vino “sabe a centavos” o a “cerezas y decepción”, frases que circulan como citas entre quienes buscan una forma más honesta —y divertida— de acercarse al vino.

Esa mirada la convirtió en un puente entre productores, vendedores y consumidores jóvenes que no se sienten representados por el discurso tradicional. Para muchos, Dumais encarna un movimiento urbano, chic y contemporáneo que entiende el vino como experiencia cultural, no como objeto de culto. Su influencia no pasa por imponer tendencias, sino por habilitar nuevas formas de disfrute.

En la mesa aparecen botellas que no buscan impresionar por la etiqueta, sino por su carácter. Vinos franceses de pequeños productores, mezclas poco previsibles, burbujas con personalidad. Dumais explica sin didactismo, sugiere sin pontificar. El vino se vuelve conversación, no examen.

Eliza Dumais

Del vino a la ficción, ida y vuelta

Grape Juice es el nombre de su primera novela. Se trata de una novela romántica de tinte contemporáneo, publicada por la editorial independiente 831 Stories, especializada en ficción dinámica, actual, breve y urbana, con una marcada impronta generacional.

La historia se centra en una joven representante de vinos de Nueva York que atraviesa una crisis personal y profesional y, de pronto, se ve inmersa en una vendimia en Alsacia, Francia. Un viaje que no solo es físico, sino también emocional. A partir de allí, el relato se adentra en el mundo del vino con una inercia conceptual que avanza a través de una estructura narrativa acompañada por sentimientos genuinos como el cambio, los miedos, el deseo y el hastío, tratados desde la intimidad. Ese es uno de los elementos que atrapan al lector.

Grape Juice no es una novela técnica sobre vino ni una historia de bodegas y puntuaciones. Es una novela sobre vínculos, sobre lo que sucede cuando la rutina se agota y el cuerpo pide otra cosa. La vendimia aparece como un tiempo suspendido: días largos, trabajo físico, conversaciones nocturnas, rutas secundarias, pueblos pequeños y copas compartidas sin solemnidad.

En ese estadio entra en juego un ambiente intimista, sensorial y descriptivo. El personaje transita cocinas, rutas, bares y mesas donde se conjugan los sentimientos, mientras las descripciones completan escenas costumbristas.

Como suele suceder en estos casos, Dumais reconoce que muchos pasajes están inspirados en su propia vida: una estampa a veces cercana y otras más distante de sus vivencias y sensaciones en un mundo complejo y pleno de verdades subjetivas. Allí se plasma una mirada emocional que construye puentes entre dos universos y deja ver su veta como comunicadora del vino natural.

Una escena que cobra vida

Habitual de Anaïs, un pequeño bar de vinos a la luz de las velas escondido entre las casas de ladrillo de uno de los barrios más reconocidos de Brooklyn, Boerum Hill, Eliza se mueve en este ámbito con naturalidad, como si hubiera nacido en él.

Su cercanía es con el ambiente y también con quienes lo frecuentan, porque es allí donde despliega el carisma que la llevó a transmitir con precisión lo que se siente al beber una copa de vino. Para eso elige vinos de pequeños productores, espumantes de casas recoletas con ediciones limitadas y bebidas que forman parte de bodegas de producción acotada, pequeños tesoros por descubrir.

Ese es uno de los escenarios que Eliza transita en una noche, porque luego de cierta hora se desplaza sigilosamente a otro, donde la escena la lleva a compartir experiencias con un grupo distinto, pero atravesado por la misma pasión.

Eliza Dumais representa una figura actual y contemporánea, el prototipo de una enamorada del vino. Una historia que habla más que los ejemplos, que transmite vivencias desde lo más profundo y elige vivir a pleno lo que el presente le brinda. Todo para comunicar sin retaceos, eligiendo la autenticidad como lienzo sobre el cual se pintan sabores. Autenticidad y simpleza para adentrarnos en el mundo del vino natural, donde todo está aún por descubrirse.

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