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ESPECTÁCULO

La joya argentina de Netflix que nadie habla: el impactante final que nadie olvida

 

Una historia sobre maternidad y una muerte que nadie quiere investigar.

 
Netflix

Netflix tiene en su catálogo una de esas películas que no te sueltan ni después de que terminan. Se llama Elena sabe, dura 104 minutos y está basada en la aclamada novela homónima de Claudia Piñeiro, finalista del prestigioso International Booker Prize. Una producción argentina de drama y suspenso que no hace concesiones y que pone sobre la mesa debates que todavía incomodan: el aborto, la fe, la autonomía femenina y el peso invisible del cuidado.

De qué trata la joya argentina de Netflix

La dirección es de Anahí Berneri, quien también coescribió el guion junto a Gabriela Larralde. La película no es solo un relato de suspenso: es un ensayo visual sobre la corporalidad femenina, la vejez y las expectativas que la sociedad deposita sobre las mujeres cuando los cuerpos empiezan a fallar.

Elena es una mujer con Parkinson avanzado que consume su movilidad y su autonomía día a día. Su vida se sacude cuando su hija Rita aparece muerta en el campanario de la iglesia que ambas frecuentaban. La policía y el entorno concluyen rápidamente que fue un suicidio. Elena no lo acepta. Ella sabe que su hija no se quitaría la vida, y ese convencimiento la empuja a iniciar una investigación desesperada por la ciudad.


El recorrido físico de la protagonista es en sí mismo parte del relato: cruzar una calle o tomar un tren representa una odisea para Elena. En su búsqueda de la verdad, recurre a una antigua deuda de gratitud para pedir ayuda, mientras los recuerdos de su relación con Rita emergen en flashbacks que complejizan todo.

Uno de los ejes más potentes de la película es la deconstrucción de la maternidad como sacrificio sagrado. A través de esos flashbacks se ve a una Rita agotada por el rol de cuidadora y a una Elena demandante. El amor familiar no siempre es luminoso: también puede estar teñido de resentimiento y cansancio, y la película no le teme a eso.

Un dato que suma una capa extra: Miranda de la Serna, hija en la vida real de Érica Rivas, interpreta a la versión joven del personaje de su madre, aportando un realismo emocional difícil de fabricar. El reparto lo completan Mey Scápola, Marcos Montes, Susana Pampín y Mónica Antonópulos. Una película necesaria que llega justo cuando más falta hace.