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ESPECTÁCULO

«Mi última advertencia»: Fuerte enojo del Big en Gran Hermano

 

El dueño de la casa lanzó su última advertencia a los participantes por desobedecer

 
Gran Hermano

La semana en Gran Hermano: Generación Dorada dejó dos momentos que sacudieron el juego y las redes. Adentro, el Big perdió la paciencia y lanzó una advertencia que heló a todos los participantes. Afuera, Carmiña Masi se quebró en TV, reconoció errores y salió a responder de frente las acusaciones de racismo que la persiguen desde su expulsión.

Qué pasó esta semana en Gran hermano

Todo empezó cuando varios participantes ignoraron una de las reglas más importantes del juego. Al escuchar gritos desde el exterior, deben entrar a la casa de inmediato y actuar como si nada hubiera pasado. Prohibido comentarlo, prohibido usarlo a favor.


Gran Hermano reunió a todos en el living y no se guardó nada. “Ustedes saben que existen normas específicas con respecto a los gritos del exterior. No pueden hacerse los desentendidos”, arrancó el comunicado. Y fue directo al hueso: “Anoche hubo un grito. Aunque saben de la prohibición, algunos decidieron hablar sobre lo que escucharon. No pretendan utilizar los gritos en beneficio propio”.

El cierre fue el que más impactó: “Fueron muchos los participantes involucrados. Cada uno sabe el nivel de responsabilidad que tiene. La próxima que observe una conducta similar estableceré castigos grupales e individuales, créanme que no van a gustarles. Es mi última advertencia”. Nadie habló. El silencio lo dijo todo.
Carmiña se quebró y respondió a todo Mientras la casa procesaba la advertencia, afuera Carmiña Masi enfrentaba su propia tormenta. En Cortá por Lozano, la exparticipante apareció visiblemente afectada y reconoció que lo que hizo estuvo mal. “Las veces que veo el material me da mucha vergüenza ver lo que hice y lo que dije”, admitió.

Sobre el comentario que derivó en su expulsión, explicó que no dimensionó la gravedad en el momento. “Ni siquiera me di cuenta hasta que el señor Gran Hermano hizo el comunicado y dijo mi nombre”. Y aclaró que no iba a defenderse a costa de sus compañeros: “Pasaron cosas más fuertes en la casa, pero no me voy a defender tirando para abajo a nadie”. Cuando llegaron las acusaciones de racismo, fue tajante: “No me siento una persona racista, no soy racista y no me gusta esa palabra”. Para reforzarlo, recordó su relación con Mavinga: “Si fuese racista no compartiría un día con ella. Dormía conmigo y me contaba cosas de su vida”.