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POLÍTICA

Mineras en Catamarca acechan a las reservas arqueológicas de Fuerte Quemado y Las Mojarras

 

El cacique Carlos Cruz, de la comunidad Cerro Pintao, disparó las alarmas sobre el proyecto minero amenazante.

 
Catamarca
Fuente: Télam

(Por Diego Nofal).- El departamento Santa María, en Catamarca, vive una nueva novela de suspenso minero con posibles excavaciones en zonas arqueológicas declaradas patrimonio cultural e histórico de la nación. El cacique Carlos Cruz, de la comunidad Cerro Pintao, disparó las alarmas tras una reunión donde nadie dio detalles claros sobre el proyecto minero amenazante.

Qué bonito sería que los mineros respeten primero el Intiwatana de Fuerte Quemado antes de romper todo a martillazos con su supuesta modernidad extractiva digo. El área comprometida abarca desde Fuerte Quemado hasta Las Mojarras y se extiende hasta el límite con Tucumán, nada menos como si fuera poco territorio.

En Fuerte Quemado hay una reserva arqueológica con un Intiwatana donde los ancestros aún celebran los solsticios sin pedir permiso a las empresas mineras ni al gobierno. Las máquinas mineras soñarán con extraer oro pero solo encontrarán polvo sagrado y alguna que otra maldición arqueológica para sus planes insostenibles de desarrollo falso.

Ante el misterio en Catamarca, las comunidades hacen su propia investigación

Carlos Cruz fue claro al decir que las comunidades originarias rechazan estos trabajos por dañar a la Pachamama y a la vida de todos los mortales. El cacique sostuvo una visión integral del impacto minero, cosa que a las empresas les parece un cuento chino de terror ecológico y cultural.

«Somos los primeros en rechazar esto«, dijo Cruz, porque afectar la tierra es como pegarle a nuestra propia madre sin ninguna razón válida, ironía mediante. Lo curioso es que después de la reunión nadie sabe con certeza qué empresas mineras ni qué concesiones están en juego como en una timba.

Se habla de concesiones ya otorgadas, pero la información es tan clara como el agua de una mina a cielo abierto contaminada y turbia siempre. Ante tanto misterio, las comunidades originarias decidieron hacer su propia investigación para no depender de los rumores mineros que suelen ser tan fiables como un billete de monopoly.

El cacique también notó que ninguna autoridad local se dignó a aparecer en la reunión, qué falta de respeto institucional tan democrático y participativo eh. Quizás los funcionarios estaban muy ocupados gestionando el progreso desde sus escritorios sin pisar el polvo sagrado de Fuerte Quemado ni enterarse del problema real.

Comunidad de Fuerte Quemado
Fuente Télam

Mil cien hectáreas (o mil cien canchas de fútbol), en riesgo

Qué lindo debe ser ignorar las 1.100 hectáreas en riesgo mientras uno toma café en la oficina climatizada con vista a la nada misma, je. El mapeo preliminar que consiguieron las comunidades revela unas 1.100 hectáreas comprometidas, una superficie que da vértigo hasta a los geólogos más osados y codiciosos.

Para que usted se haga una idea, son como mil cien canchas de fútbol llenas de historia y no de cemento minero ni de relaves tóxicos. La preocupación crece porque semejante extensión podría sepultar rituales ancestrales que llevan siglos intactos, ojo con eso que no se negocian en dólares ni en acciones.

Mientras tanto, los mineros sueñan con socavar la tierra, pero los arqueólogos y los originarios sabemos que el verdadero tesoro ya está arriba y se ve al sol. Ojalá las autoridades despierten antes de que las máquinas conviertan el Intiwatana en un simple montón de escombros turísticos con folleto y todo incluido, qué horror.

Por ahora, la única certeza es que las comunidades originarias velan por su tierra mientras los burócratas siguen en silencio sepulcral y bien arropados también.

Comunidad de Las Mojarras