A poco más de 48 horas del nacimiento de Gia, Catherine Fulop todavía habla con la voz quebrada. La llegada de la primera hija de Oriana Sabatini y Paulo Dybala no solo marcó un antes y un después en la vida de la pareja, sino también en la de la actriz, que estrenó su rol de abuela en una madrugada cargada de tensión, ansiedad y lágrimas en Roma.
El recuerdo de Catherine Fulop por el nacimiento de Gia
Fulop reconstruyó el minuto a minuto de una jornada que empezó de la manera más inesperada: en plena cancha, durante el partido entre la Roma y la Juventus en el Estadio Olímpico. Todo era euforia hasta que, tras el tercer gol del equipo local, Oriana comenzó con contracciones cada cinco minutos. Al principio eran soportables, pero el dolor fue en aumento. Decidieron volver a casa para intentar relajarse, pero ya nada sería igual.
Cuando Dybala regresó, la decisión fue inmediata: ir al Hospital Gemelli, aunque quedara a casi 50 minutos. El trayecto fue largo y silencioso. “Ya venía bastante adolorida”, recordó Catherine. Horas después, al saber que la dilatación avanzaba rápido, ella y Ova Sabatini también salieron rumbo al sanatorio. Nadie quería perderse ese instante.
La escena parecía cinematográfica. Eran cerca de las tres de la mañana y el hospital estaba casi vacío. “Parecía un hospital fantasma”, describió. La familia esperó durante horas en pequeñas sillas, con el corazón en la boca. La noche se hizo eterna. Finalmente, a las 8.59 de la mañana, el llanto que todos aguardaban lo cambió todo. Gia nació y la emoción explotó. “Es un flash, un volcán de sensaciones. La veo y me derrito”, confesó la actriz. Describió a la bebé con ternura: el pelito blanquecino, la piel rosada, las manitos pequeñas. “Parece que tuviera a Ori en los brazos otra vez”, aseguró, emocionada al notar el parecido con su hija cuando era bebé.
Mientras Oriana y Paulo viven sus primeras horas como padres, Catherine disfruta su nuevo lugar, conteniéndose para no intervenir. “Uno está de espectador, gozando”, dijo entre risas y lágrimas. La llegada de Gia no solo amplió la familia: inauguró una etapa atravesada por el amor absoluto.
