(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Durante gran parte del último siglo, el prestigio del vino parecía escribirse siempre con los mismos nombres. Burdeos, Borgoña, Barolo, Rioja, Mosela o Napa Valley ocupaban un lugar fijo en el imaginario de consumidores, críticos y coleccionistas.
No es novedad que esas regiones continúan elaborando algunos de los mejores vinos del planeta, pero los resultados de los principales concursos internacionales muestran que los vinos de excelencia ya no responden exclusivamente a ese reducido grupo de denominaciones históricas. Nuevos protagonistas asoman en el horizonte.
Los resultados de los Decanter World Wine Awards 2026 muestran que el mundo del vino avanza hacia horizontes insospechados. Entre los vinos distinguidos aparecieron un barbera del Piamonte, un tinto procedente de Suiza, un plavac mali elaborado en la isla croata de Hvar y un shiraz de Frankland River, en Australia Occidental. No hablamos solo de cuatro etiquetas exitosas, sino de cuatro relatos diferentes que conducen a una misma conclusión: las regiones clásicas siguen ocupando su tradicional sitial, pero la visión se amplía y territorios que antes ocupaban un segundo plano emergen hoy a la superficie de un catálogo premium.
Cuando las regiones históricas dejan de ser las únicas protagonistas
Tal vez el caso más simbólico sea el del vino elaborado con la cepa barbera, una variedad que convivió durante décadas con una paradoja. En la región de Piamonte, al norte de Italia, el nebbiolo construía la leyenda de Barolo y Barbaresco, mientras que el barbera estaba catalogado como un vino cotidiano. Y no en vano varios hechos contribuyeron a ello: una elevada acidez natural y una enorme difusión pusieron el foco en la cantidad más que en la calidad.
Pero todo cambió a partir de la década de 1990, cuando varios productores comenzaron a demostrar que, con rendimientos más bajos y una viticultura minuciosa, podía ofrecer vinos profundos, longevos y extraordinariamente complejos. Ese proceso culminó con la creación de la Nizza DOCG, en 2014, un espaldarazo que terminó por consolidar esa transformación, reservando la denominación exclusivamente para barberas de máxima calidad que tenían como cuna el corazón histórico de la variedad.
Con estos parámetros, el Coppo Pomorosso 2022 se convirtió en el primer barbera de la historia en obtener un Best in Show, el máximo galardón que otorga el concurso Decanter World Wine Awards. Es la confirmación de una evolución que llevaba años gestándose silenciosamente desde el trabajo minucioso. La que durante años fue considerada la «hermana menor» del nebbiolo hoy demuestra que puede competir en igualdad de condiciones con algunos de los grandes vinos del mundo. Y así surge el reconocimiento para una cepa netamente piamontesa y auténticamente italiana.
Suiza, donde alrededor del 98 % de la producción de vino se destina al consumo interno, también obtuvo un galardón en el concurso. Su tradición vitivinícola se remonta a la época romana y cultiva viñedos en espectaculares terrazas sobre los Alpes, especialmente en el cantón de Valais. Sin embargo, esos vinos apenas llegan al resto del mundo.
Es tan escaso el vino destinado a la exportación que muchos sommeliers nunca han tenido oportunidad de degustar una etiqueta suiza. Casualmente fue esa falta de vidriera lo que contribuyó a instalar la falsa idea de que Suiza no era un país productor relevante, porque, en la práctica, su máximo impedimento siempre fue la disponibilidad de vino para vender fuera de sus fronteras.
En Valais, el premio fue para el Domaines Rouvinez Coeur de Domaines 2023, elaborado con syrah, cornalin y humagne rouge. Fue el primer vino tinto suizo que obtuvo un Best in Show. El dato resulta más curioso aún porque no se trata de un país que recién comienza a elaborar buenos vinos, sino de uno cuya calidad permaneció prácticamente en el ostracismo para el resto del mundo. La visibilidad es un factor determinante para alcanzar el reconocimiento internacional.

Un nuevo mapa donde la identidad pesa más que la fama
También le tocó el turno a la cepa plavac mali croata, con un nombre tan nuevo como seductor para algunos consumidores. Sin embargo, hablamos de la variedad tinta más importante de Croacia y una de las grandes protagonistas de la costa dálmata. Años de intensos debates quitaron el sueño a ampelógrafos y estudiosos. ¿El objetivo? Conocer su verdadera identidad. Y lo lograron: el ADN demostró que era descendiente del antiguo tribidrag, la variedad croata identificada como el verdadero origen del zinfandel californiano, y de la uva dobri?i?.
El vino que se alzó con el galardón, Marijan Plaža Plavac 2021, es oriundo de la isla de Hvar, donde las viñas crecen sobre empinadas laderas calcáreas frente al Adriático. En este lugar, los trabajos culturales demandan la mayor exigencia. Un trabajo casi artesanal, con pendientes pronunciadas, muy poca mecanización y un clima mediterráneo que concentra la madurez de la fruta sin perder el carácter mineral que aportan los suelos explican que haya sido posible el ascenso al podio.
La cuarta historia se ubica a miles de kilómetros, en Frankland River, una de las cinco subregiones de Great Southern, en Australia Occidental. A diferencia de Barossa Valley o McLaren Vale, famosas por sus shiraz intensos y maduros, Frankland River disfruta de un clima más fresco y de una clara influencia oceánica.
Estas características del clima y su geografía dan como resultado vinos de mayor tensión, con perfiles aromáticos más florales, taninos finos y una elegancia que hace frente a muchos de los cánones que durante años pesaron sobre el shiraz australiano. Que el Ferngrove The Orchid Collection Dragon Shiraz 2023 haya alcanzado el máximo reconocimiento internacional representa también el primer Best in Show para Australia Occidental fuera de Margaret River, región que siempre concitó el interés mundial.
Con la globalización surgió también la posibilidad de recorrer el mundo y comprender la idiosincrasia de las regiones y los países. La cultura enológica aprovechó esas posibilidades y las amplió. De esta forma, viajeros de todo el mundo tienen la oportunidad de conocer las gastronomías locales y sus vinos al pie del parral.
Lo novedoso es que Burdeos, Borgoña y Napa Valley consolidan su legado, dejando paso, al mismo tiempo, a nuevas estrellas que también pueden brillar en el firmamento enológico. La excelencia ya no pertenece exclusivamente a un puñado de regiones históricas: hoy el mapa del vino es más amplio, más diverso y mucho más abierto a la identidad de cada territorio.

