La interna peronista volvió a escalar a niveles de tensión que no se veían desde la caída electoral de 2023. Este domingo, en una reunión con intendentes alineados con su conducción, Cristina Kirchner advirtió que está dispuesta a ser candidata a diputada provincial si el gobernador Axel Kicillof concreta el desdoblamiento de las elecciones bonaerenses o si el frente electoral se rompe. No fue una sugerencia sutil ni una especulación lanzada al pasar: fue una advertencia directa y deliberada.
El mensaje fue tan claro como inusual. La posibilidad de que una ex presidenta encabece una lista seccional en la provincia de Buenos Aires revela hasta qué punto el kirchnerismo considera esta disputa como una batalla de poder clave. El distrito en cuestión es la tercera sección electoral, históricamente uno de los bastiones electorales del peronismo bonaerense.
La tercera sección y los intendentes en disputa
La tercera sección está integrada por municipios del conurbano como La Matanza, Avellaneda, Lomas de Zamora, Florencio Varela, Quilmes, entre otros. Se trata de un núcleo político y territorial estratégico para cualquier armado electoral. Allí, varios intendentes ya se posicionaron del lado de Kicillof, firmando un documento el viernes pasado para respaldar el desdoblamiento electoral.
Entre los firmantes se encuentran figuras como Fernando Espinoza (La Matanza), Jorge Ferraresi (Avellaneda), Fabián Cagliardi (Berisso), Juan José Mussi (Berazategui), Mario Secco (Ensenada) y Andrés Watson (Florencio Varela). Todos ellos avalaron públicamente la decisión del gobernador de separar los comicios bonaerenses de los nacionales.
Ese movimiento político fue leído por el kirchnerismo duro como una traición. Y la posible candidatura de CFK en esa sección busca disciplinar a los intendentes díscolos con un golpe de efecto: nadie quiere competir con ella en su propio territorio. Menos en una elección donde también se renuevan los concejos deliberantes, con efecto directo sobre la gobernabilidad municipal.
Una jugada de presión directa al gobernador
La avanzada de CFK es una respuesta directa al sostenido rechazo de Kicillof a unificar la elección bonaerense con la nacional. A pesar de los pedidos explícitos del kirchnerismo, el gobernador no se movió un centímetro de su decisión. Ni siquiera las gestiones de senadores y operadores del PJ lograron revertir su postura.
En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), espacio que responde a Kicillof, ya se comenzó a analizar un contraataque. Entre las alternativas, se evalúa ubicar a los intendentes como cabezas de lista de concejales, para reforzar su anclaje territorial y neutralizar el efecto CFK.
Mientras tanto, desde el ala cristinista llegó otro gesto de confrontación institucional: la senadora Teresa García afirmó que es la Legislatura la que puede fijar la fecha de la elección. Fue una respuesta al ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, quien había calificado de “inviable” una elección concurrente y de “inconstitucional” el proyecto kirchnerista presentado en el Senado.
Una estrategia de alto voltaje político
El eventual salto de Cristina a la boleta bonaerense trastoca por completo el tablero político del peronismo. Por un lado, porque hasta ahora se esperaba que encabezara la lista de diputados nacionales. Por otro, porque nunca antes una expresidenta de la Nación se presentó como candidata en una elección seccional, lo que le da a su movida un carácter claramente disruptivo.
En los hechos, la jugada tiene más valor como presión que como objetivo real de representación. Pero también expone el nivel de fragmentación interna que atraviesa al peronismo, con un liderazgo de CFK cada vez más cuestionado y un gobernador decidido a marcar su propia hoja de ruta.
“Esto demuestra que todos están dispuestos a jugar muy fuerte”, admitió un intendente del conurbano en estricto off. No es solo una cuestión electoral: es una pulseada directa por el poder y el futuro del espacio político que dominó la política argentina durante más de una década.
La interna que se profundiza en un año decisivo
La ofensiva de la exvice llega en un momento de fragilidad para el peronismo. Sin un liderazgo nacional claro, con las bases atomizadas y sin una estrategia unificada, el espacio enfrenta una elección legislativa donde cada provincia juega su propio juego. La posibilidad de un quiebre definitivo en Buenos Aires es más que simbólica: podría ser el primer paso hacia una ruptura formal de Unión por la Patria.
El oficialismo nacional, por su parte, observa la escena con atención. La fractura opositora en la provincia más grande del país juega a favor de La Libertad Avanza, que aspira a consolidarse como fuerza dominante en 2025. En ese contexto, la estrategia de Kicillof apunta a blindar su gestión y evitar quedar atrapado en las peleas internas del kirchnerismo.