Suñé: siete pisos hasta el infierno

Ganó ocho títulos con Boca, donde fue jugador símbolo en los 70. Pero la gloria del fútbol no alcanzó para vencer su depresión.
<a href="https://elintransigente.com/deportes/2019/06/25/sune-siete-pisos-hasta-el-infierno/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-06-25T18:42:45-03:00">junio 25, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-06-25T19:57:29-03:00">junio 25, 2019</time></a>

Por Alejandro Duchini. – En la tapa de Clarín del 23 de junio de 1984 se leía que el día anterior “Suñé se arrojó de un séptimo piso: está grave”. Acompañaba una foto de familiares abrazados y conmovidos en el Hospital Penna. En el epígrafe se confirmaba que el Chapa Rubén Suñé, símbolo de guapeza en el Boca del Toto Lorenzo de fines de los 70, había intentado suicidarse a sus 37 años. Ese sería el gran tema por un tiempo largo. El 22 al mediodía se había tirado del balcón de su departamento de Tilcara al 3000, en el barrio de Pompeya.

Aprovechó que su esposa hacía mandados, que la chica que limpiaba estaba en el lavadero y que sus hijos dormían. El milagro llegó con la recuperación física y tal vez psicológica. No esquivaba el tema pero con los años empezó a callarlo. Cuando hablaba, contaba lo duro que había sido para él dejar de jugar al fútbol profesionalmente. Se había retirado tres años antes. Acostumbrado a la gloria de Boca, sus últimos partidos fueron en un San Lorenzo que descendería y que además no tenía cancha. Allí volvería a ser dirigido por el Toto Lorenzo.

Sus compañeros de ese San Lorenzo eran veteranos como él, acostumbrados a paradas bravas, pero la experiencia no compensaba el paso de los años y la pérdida de categoría resultó un mazazo. Para colmo, el campeón de ese Metropolitano había sido su querido Boca. Con Maradona, Brindisi y Perotti pero sin él.

Fallecido el jueves pasado a sus 72 años, el Chapa Suñé era Boca. No fue el máximo ídolo del club pero llegó a ser uno de los símbolos, que no es poco. Su guapeza lo identifica con aquel equipo del Toto que a fines de los 70 ganó dos Libertadores (76 y 77) y una Intercontinental (77). Era un equipazo y él la rompía como 5 y como capitán. En una etapa anterior había jugado de 4. Con Boca ganó ocho títulos. Además, le hizo el gol de tiro libre a River en la final del Nacional del 76, en cancha de Racing. El Pato Fillol armaba la barrera cuando el Chapa aprovechó la distracción y mandó el disparo: palo y a la bolsa. 1 a 0 y Boca campeón. De ese gol no hay videos, pero algunas fotos permiten ver e imaginar el ambiente. Aquella época suele verse en blanco y negro, lo que da un marco más épico al recuerdo. Su cara sangrando tras un partido copero de 1971 contra el Sporting de Cristal que parecía la guerra de Vietnam es una síntesis de la mimetización Suñé-Boca. Peleas entre jugadores, auxiliares, policías e hinchas. 19 expulsados. Algunos fueron a parar a la comisaría. Suñé fue a parar al corazón de todo bostero.

Cuando dejó de jugar dirigió a Quilmes. De cuatro partidos ganó uno y perdió tres. En su debut como técnico (el 18 de julio de 1982), en un 2 a 1 a Chicago, contó que no aguantaba las ganas de meterse a jugar. En los otros partidos, lo mismo. Entonces dejó de dirigir. Alberto Armando, el mítico presidente de Boca, le dio trabajo en su concesionaria como vendedor de autos. “Pero no vendí ni un matafuegos”, lamentó en una charla con el periodista Ramiro Scandalo, del diario Olé, en 2007. Tampoco pudo salir adelante trabajando con su papá. Pasaba el día tirado en la cama. No dejaba de pensar. Intentó con la terapia pero su depresión no se iba. Hasta que se tiró. “No me preguntes cómo fue porque no me acuerdo de nada. No sé cómo hice, cómo me subí, cómo me tiré, ni cómo iba en el aire… Me salvé porque caí parado y por la contextura física del deportista”, le dijo a Olé.

Un gran acto de justicia con Suñé es el que hizo el periodista Diego Estévez en su libro La final, publicado en 2015. El texto gira alrededor del Boca-River del 76. El Chapa había pasado al olvido en los últimos años. En el 2016, la dirigencia de Boca se acordó y presentó una estatua suya como símbolo de los 40 años de ese partido, hasta entonces la única final oficial entre ambos equipos.

En el libro de Estévez se lee a Suñé: “Cuando yo jugaba estaba encerrado en una burbuja de plástico, no me llegaban los problemas. Mi padre me manejaba la plata, iba al banco y me lavaba el coche para que no me cansara. Mi madre, igual. Ella vio en mis triunfos deportivos su éxito personal. Me sobreprotegía. Cuando me casé, la cosa no varió demasiado. Las comidas especiales eran para mí, los chicos no me molestaban a la hora de la siesta. Cuando el fútbol se acabó, el mundo se me cayó encima, no supe qué hacer y me deprimí”.

Un guapo en la cancha como Suñé no podía suicidarse. Bastan las imágenes para ver que era un duro en pantalón corto, un tipo que iba al frente, un macho que enorgullecía al hincha que a veces le dedicaba (o le pedía) un “… y pegue, y pegue, y pegue Chapa, pegue”. Pero los fantasmas del retiro siempre hicieron lo suyo. No es el único caso. Los enfrentaron Almeyda y hasta Perfumo, entre otros. Y hubo quienes siguieron el camino del Chapa, aunque no pudieron superarlos. Este año Toresani, por ejemplo. Recuerdo particularmente el caso del arquero Alberto Vivalda, que el 4 de febrero de 1994 se tiró a las vías del tren Mitre. Mi colega Diego Marcos estaba particularmente asombrado porque un tiempo antes lo había entrevistado para Crónica, donde trabajábamos en la sección de Deportes.

“Me pegó duro lo del intento de suicidio porque era nada menos que Suñé. Había ganado un montón con Boca. Con el tiempo, otros ex jugadores me comentaron lo duro que es, si no tenés los pies sobre la tierra, pasar de la tapa de los diarios al anonimato sin escalas. Ahora por lo menos están las redes sociales, pero antes no había nada de eso”, me dice por estas horas el abogado Claudio Giardino, de la agrupación opositora Boca es nuestro. Con los años, Giardino se lo cruzaba seguido en el club. “Tenía algunos problemas para hablar, para caminar. Creo que él notaba que no era el mismo y eso lo ponía de mal humor. Por ahí no le gustaba que lo vean de esa forma”.

Lo del mal humor lo padecí en 2016, cuando lo entrevisté para El Gráfico. Le pedí juntarnos de manera personal. No quiso, pero me dio la posibilidad de acordar un horario para hablar por teléfono. La charla iba por carriles normales hasta que le pregunté si alguna vez soñó con pasar a la historia grande Boca haciendo un gol a River en una final y a cancha llena. El sueño de todo futbolero. Pero en su caso tomó aire y levantó la voz: “¿Cómo voy a soñar algo así? ¿Qué soy, mago?”. Lo dejé seguir con la respuesta hasta que se calmó y la conversación volvió a ser la que era. No era el mismo Suñé al que había reporteado en La Candela, a mediados de los 90, cuando Boca le dio empleo en las inferiores. Entonces era un tipo tranquilo que contestaba aún como si fuese un jugador profesional.

Boca le había dado empleo tras su recuperación. El 22 de septiembre de 1985 La Bombonera volvió a temblar cuando antes de un Boca-Unión el Chapa salió a la cancha acompañado de su hijo Diego y del presidente del club, Antonio Alegre. Barbudo, flaco y medio rengo levantó los brazos y sonrió para la historia ante una ovación que todavía parece escucharse. “Me emociona oír las mismas voces y ver las mismas cosas de siempre. Ahora me doy cuenta de que esta gente nunca me olvidó y eso me da fuerzas. Tengo la ilusión de algún día ser el técnico de Boca. Ese es mi sueño”, dijo. Al año siguiente fue ayudante de campo de Ernesto Mastrángelo en la reserva de Boca.

“Fue fuerte verlo entrar a la cancha cuando le entregaron la placa y la camiseta cuando lo homenajearon. Verlo caminar y cómo había quedado”, recuerda Giardino, que también me dice que en el club lo recuerdan como una gran persona durante su trabajo en las divisiones inferiores.

Durante este martes Boca le realizará un memorial en La Bombonera. Hasta las 18.30 se podrán dejar mensajes en un libro de condolencias. Se espera la presencia de figuras históricas del club. Ojalá que los jugadores de hoy y los hinchas más jóvenes puedan acercarse para despedir a una de los personas que aportó para la grandeza de Boca. Porque Suñé, sin dudas, es Boca.