Delfina Pignatiello

¿Qué hay detrás de la gran protagonista argentina en los Panamericanos?

Hace casi tres años entrevisté a Pignatiello. Acababa de cumplir 17 años y ya se perfilaba como la deportista argentina que es hoy.
<a href="https://elintransigente.com/deportes/2019/08/13/que-hay-detras-de-la-gran-protagonista-argentina-en-los-panamericanos/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-08-13T13:53:48-03:00">agosto 13, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-08-13T14:04:06-03:00">agosto 13, 2019</time></a>

Por Alejandro Duchini – Tres medallas doradas (400, 800 y 1.500 metros) en los Juegos Panamericanos convirtieron a Delfina Pignatiello en la gran protagonista de la delegación argentina de los Juegos Panamericanos de Lima, Perú, que se disputaron desde el 26 de julio hasta este domingo. La gran participación de nuestros representantes se resumió en 32 oros, 35 platas y 34 bronces.

Hace casi tres años entrevisté a Pignatiello. Acababa de cumplir 17 años y ya se perfilaba como la deportista argentina que es hoy. Entonces soñaba con estos Panamericanos y soñaba, todavía más, con participar en los Juegos Olímpicos de Pekín, a disputarse el año próximo. Aquella adolescente me sorprendió por el esfuerzo que ponía en la natación. Se reía un montón: estar en la pileta -donde le hicimos las fotos- la hacía sentir tan bien que se le notaba.

Ya había viajado por el mundo y se jactaba de eso: “Hice la cuenta: creo que ya son más de siete. Algunos son Canadá, Estados Unidos, México, Brasil y Singapur. Singapur me asombró porque es un lugar con mucho verde, mucha paz, con gente siempre de buen humor, servicial. Me encantó conocer esa cultura”. No era poco para alguien de su edad. Esos viajes se los debía a la natación. Mientras sus amigas salían, contaba, ella se acostaba para madrugar y entrenar a la mañana siguiente. De lunes a viernes se levantaba a las 5 de la mañana, nadaba, iba a la escuela y volvía a la pileta o al gimnasio. Apenas le quedaba tiempo para estudiar. Sin embargo, llegó a ser abanderada en el colegio Cardenal Spínola, en San Isidro. De a poco le iba dando el adiós a las competencias juveniles para meterse en las exigencias deportivas de los adultos. Se ve que se adaptó.

Delfina Pignatiello había batido récords nacionales en 400 y 800 metros estilo libre. era récord juvenil en los 1.500. Y este año confirmó su capacidad.

Delfina Pignatiello

Nadaba desde que era muy chica porque su mamá, Paula Beltrame, coordinaba la escuela de natación del Thames Club, en San Isidro. Su infancia transcurrió en la pileta y a los 11 años (nació el 19 de abril de 2000 en Martínez) empezó a representar a la Municipalidad de San Isidro. A esa edad asomaba en ella la pequeña competitiva. “Quería ganar en todo”, decía. Y le ganaba a chicos y chicas. Con los años empezó a madrugar y a entrenar todos los días, a excepción de los domingos. “Siempre quería ganar. Por eso digo que soy re-competitiva”, se reconoció en ese momento.

“La natación me dio muchísimo. También me dio la posibilidad de hacer algo que realmente me gusta y de soñar con cosas que quiero”, se expresaba antes de enumerar objetivos que hoy, con el paso a paso, va cumpliendo.

Delfina sostiene que la mentalidad es fundamental para crecer deportivamente: “A cada torneo hay que ir con la cabeza bien preparada, pensando que si me ganan no está mal, hay que seguir. Justamente porque el nivel de competencia es muy alto”. Cree además que “en los torneos primero se busca superarse a uno mismo, superar las propias marcas. Y si se puede alcanzar una final, mejor”. Cuando entrena suele recordar canciones para sobrellevar mejor la exigencia. “También pienso en el tiempo que tengo que hacer, en la técnica de nado o en el ritmo en el que voy. O intento buscar motivación en el objetivo que tengo por delante. Lo mismo en la competencia: trato de pensar en el ritmo de carrera y en dar lo mejor de mí. Pero también hay diferentes motivaciones que impulsan a tomarse las cosas de otra manera. Si en un torneo me juego la clasificación a los Juegos Olímpicos, obviamente la motivación será distinta. Eso no quiere decir que se le dé menos importancia a otras competencias. A veces me pone de mal humor cuando al entrenar todo se complica por el cansancio o porque estoy en los últimos turnos de una semana dura y el cuerpo no da más y mi cabeza no responde como quiero. Ahí me salgo de foco. Pero eso se debe a que soy muy exigente, no me permito malos entrenamientos. Por eso es importante saber separar cualquier cuestión externa que pueda suceder”, expresaba su madurez. Y también: “Consigo enfocarme. Además tengo la suerte de contar con un ambiente de amigos y familia que me ayuda a mantenerme en ese foco. Y otra cosa que hago es escuchar música para calmar nervios y hablar con mis amigos cuando siento necesidad de hacerlo. Alguna vez tuve un momento complicado en lo anímico, pero lo solucioné yendo al psicólogo. No seguí. Sentí que no lo necesitaba. Pero ahora sé que estoy ingresando a un nivel de competencia en el que necesitaré ese tipo de apoyo, porque estamos proyectando muchas cosas. Tengo días difíciles: muchos proyectos”.

Una de las cosas que lamentaba Delfina, aunque no se quejaba, era que no podía salir con sus amigas los fines de semana. “Hay muchas cosas que me gustaría hacer y no puedo. Pero no me arrepiento. Sí me gustaría salir más con mis amigas, cosa imposible porque tengo que entrenar. También me gustaría tocar un instrumento, ir a clases de piano, seguir estudiando inglés y hacer hip hop”. A veces pasa el tiempo con su ukelele, aunque cada vez menos. Suele mirar series, leer las aventuras de Harry Potter y escuchar música, sobre todo a Selena Gómez.

Desde sus primeros logros fue consciente de que tenía que competir cada vez más y con mayor esfuerzo. Llegaba un punto en que su categoría ya no representaba grandes desafíos. Tenía que meterse “entre los mayores para competir a un nivel más alto. Con los mayores siento que tengo más competencia, porque se entrena más fuerte”, explicaba.

De 2020 pensaba: “Tokio sería una revancha y un sueño, porque quedé cerca de clasificar a Río. Hice marca B pero no me llegó la invitación y mi esperanza era que me llegue. Si bien no tenía en mente clasificar, estuve cerca. Llegar a Tokio con 20 años, casi casi la edad ideal, sería muy bueno. Y para el 2024 tendré otra muy buena edad. Por eso pongo muchas expectativas en eso”.

Sobre por qué llegó a tan alto nivel, Pignatiello sostenía que, entre otras cosas, se debía a su entrenador, Juan Carlos Martín, referente de la natación argentina: “No estaría acá si no fuese por él. Porque me hizo creer en mí misma y siempre apuesta por mí. Para que no afloje, para que mejore. Me aportó muchos valores, me enseñó a cambiar la mentalidad, a pensar diferente, a ponerme un objetivo y pelear por eso. Sobre todo porque cuando se nada se necesita una mentalidad muy fuerte, tanto en entrenamiento como en competencia”. Y agregó: “-Mi entrenador siempre dice que la natación es para gente inteligente. Si una persona es responsable, disciplinada, no sale a la noche y va a entrenar todos los días, tiene muchas posibilidades de cumplir sus metas. Pero tampoco me olvido de mi familia, que es fundamental. Mis papás (Germán y Paula; tiene un hermano de 12 años, Gianluca) me llevan de acá para allá, a todos los torneos. Siempre están. Siempre me acompañan”.

Aquel encuentro habló de su falta de tiempo para mantener una relación con un supuesto novio. En cambio, en estas horas mucho se habló de su noviazgo con un deportista argentino de su misma edad. También se habló de su participación en las redes sociales. Hasta tiene un canal de Youtube y seguidores. Delfina Pignatiello, también en esto, ha crecido.