Del vértigo de la rutina al de obras contemporáneas

El MACBA expone parte de su colección de piezas en una muestra que desequilibra al espectador.
<a href="https://elintransigente.com/espectaculo/2019/07/13/del-vertigo-de-la-rutina-al-de-obras-contemporaneas/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-07-13T17:53:24-03:00">julio 13, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-07-13T17:53:25-03:00">julio 13, 2019</time></a>

La presentación de la muestra “Vértigo. Geometría e inestabilidad” en la fachada del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires ya genera movimiento. Sirve de declaración de principios sobre lo que luego se repetirá en decenas de cuadros de autores contemporáneos. Pero con una particularidad: contradecir el título de la muestra.

Esa paradoja se produce porque, aunque las obras en efecto generen vértigo, es necesario detenerse a mirarlas, revisarlas a detalle para sumergirse en ellas. Esa dinámica es tan divertida como formativa, debido a que implica que quien observa se relacione tanto con la obra que termina cayendo en ella.

Ocurre por las dimensiones generadas a través de la geometría y el uso del color en cada pieza. Son dimensiones hacia mundos normalmente no visitados. Ese es su encanto. La sensación es que cada obra tiene un ritmo propio y, a su vez, el espectador puede aportar el suyo. Sólo necesita dedicar unos minutos a cada obra, esas que cada cierto tiempo se renuevan con un par de obras que salen por otras. Nunca es la misma muestra.

Cada una forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, compuesta por 300 piezas. “Muchas obras lo que plantean son juegos ópticos. Cuando te parás frente a ellas, te sentís atraído, absorbido, ya te detuvo. Después tenés curiosidad técnica: querés ver cómo lo hizo”, explicó Alejandro Cappelletti, director del museo.

El último comentario de Cappelletti abre otra brecha dentro de la experiencia. Cada obra produce una fascinación particular en relación con el cómo. Da igual que se conozca o no sobre la técnica, es casi imposible que el interés por conocer cómo se producen esas dimensiones a través de líneas y formas no genere alguna pregunta. Es pura curiosidad.

Cappelletti explicó que “eso, por lo general, no pasa en todos los museos frente a todas las obras. Estas propician esa situación. A lo mejor después decidís si te gusta o no la obra, pero te tuviste que detener para llegar a esa conclusión”. Así, el museo se convierte en un lugar de pausa y enfoque en asuntos ajenos a la cotidianidad.

Eso último es la esencia de la muestra: abstraer de la rutina cotidiana a quien visita el espacio. En palabras del director, se trata “de parar con la rutina, de venir al museo y pensar en cómo lo hizo, en mirar los colores, en reconocer cómo marea una obra, por ejemplo. Son cosas que pasan si les das el tiempo para que pasen”. Del vértigo cotidiano al artístico. Esta muestra permanecerá hasta el 8 de marzo de 2020.