“La pasé mal. Pero me rescataron mis hijos. Ellos me dijeron ‘¡mamá, basta! ¡Hacé algo! ¡Internate!”

Foto: Captura pantalla Telefe

¡Una diosa sorprendió a Andy con su dura confesión!
<a href="https://elintransigente.com/espectaculo/2019/10/07/la-pase-mal-pero-me-rescataron-mis-hijos-ellos-me-dijeron-mama-basta-hace-algo-internate/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-10-07T17:35:43-03:00">octubre 7, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-10-07T17:46:13-03:00">octubre 7, 2019</time></a>

Es común imaginar que las mujeres que brillan en cine, teatro y televisión gozan de una vida perfecta, donde, gracias a su poder, dinero e influencia, no deben hacerse problemas por nada, sin embargo, la realidad puede ser muy diferente, y a quien le tocó comprobarlo en carne propia fue a la mismísima Pampita que sufrió uno de los peores dolores que puede tener que afrontar un ser humano: la muerte de su hija Blanquita por una cruel enfermedad.

Por supuesto, no es la única diosa que debió atravesar una situación compleja, lo mismo le sucedió a Ginette Reynal que, invitada al programa de Andy Kusnetzoff, relató dos tragedias que cambiaron para siempre su existencia. Todo comenzó cuando el conductor de PH pidió que hablaran las personas que se sintieron tambalear luego de un hecho terrible. “Pasen al punto de encuentro los que la vida les dio una piña y se levantaron”, dijo el creador de Podemos hablar.

“Mi piña es una piña bastante conocida, es la muerte trágica de mi marido, de cáncer de cerebro. Se murió en un año. Se murió en casa. Tenía 43 años y era un deportista, que siempre llevó una vida sana. Nunca fumó. Me costó mucho salir de eso porque yo elegí la negación. En vez de encarar el duelo y hacerlo, y tirarme en una cama a llorar y ser una viuda, me dio mucho miedo y me fui por otro lado, me zambullí a drogarme”, comenzó diciendo la escultural modelo.

“No hay una forma de ser viuda, o viudo o pasar la muerte de un hijo. Yo tenia 50 , era 7 años mayor que mi marido. Mi miedo era que cuando yo cumpliera 50 me empezara a meter los cuernos porque se iba a ir con una pendeja. Cuantas veces imaginamos escenarios que no suceden, cargamos las tintas con cosas que no existen. Que están en tu cabeza y que por ahí después la vida te presenta otra cosa…”, remarcó Reynal.

Afortunadamente, todo terminó muy bien gracias al apoyo que recibió de su familia. “Yo me puse oscura, nocturna. Me metí para adentro. Pintaba sola, encerrada. Consumí drogas duras, no es que me fumaba un porro. La pasé mal. Pero me rescataron mis hijos, mis tres hijos. Jerónimo era muy chico, le tocó la parte más jorobada. Ellos me dijeron ‘mamá, basta. Hacé algo. Internate, pero hacé algo’. Además, lo que hice fue recurrir a un amigo, que había entrado a grupos, y fui a Narcóticos Anónimos… Pero la adicción es una enfermedad que no se cura nunca”, cerró la actriz.