Bolsonaro baja en las encuestas a seis meses de mandato

El mandatario aún no entra en la etapa más difícil, que se supone ocurrirá con la lucha por la reforma de pensiones.

Asumió el 1 de enero de este año, y su mandato no vive una luna de miel. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, no está bien en las encuestas. Un sondeo del Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (Ibope) reveló la semana pasada que 64% de los consultados consideraron que el Gobierno ha sido malo, pésimo o regular, frente a 32% que lo considera bueno u óptimo.

Y el 51% manifestó no confiar en Bolsonaro. Es el primer mandatario de derecha extrema de la historia de Brasil. En un país golpeado por la corrupción, tuvo cabida. La causa Lava Jato hizo que los brasileños desconfiaran de la clase política tradicional. El impeachment a la mandataria Dilma Rousseff, que puso fin en el 2016 a 13 años de hegemonía del Partido de los Trabajadores (PT), y la aprehensión del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en 2018, le sumaron votos.

Además, el país vivió la peor recesión económica en 2015 y 2016. Todo se juntó para que un “outsider” se hiciera con el poder en Brasil. Tres ministros y más de 20 altos funcionarios expulsados, dificultades para imponer una agenda de consenso con un Congreso poderoso y los conflictos entre militares que ocupan puestos estratégicos de la administración resonaron en estos incipientes seis meses.

En este tiempo, el mandatario demostró que cumple sus promesas de campaña con la reducción de ministerios y no negoció cargos en su gabinete y en directorios de empresas estatales con partidos dispuestos a alquilar su apoyo en el Congreso. Brasil es la séptima mayor economía del mundo. Sin embargo, se debate su futuro en una esperada reforma en el sistema de pensiones, que tiene una alta resistencia en la calle.

El aire fresco le llegó a Bolsonaro el viernes pasado con el acuerdo histórico entre el Mercosur y la Unión Europea. “Traerá beneficios enormes para nuestra economía”, manifestó eufórico desde la cumbre del G20 en Japón. El ministro de Economía, Paulo Guedes, declaró que el convenio representará para Brasil un incremento en el Producto Interno Bruto (PIB) de hasta 125.000 millones de dólares en 15 años.

El Partido Social Liberal no tiene tradición política, y sus legisladores aún no reconocen el rol que deben representar en el Congreso. No garantizan las mayorías para aprobar reformas económicas ambiciosas. La aprobación de la reforma de pensiones, la gran apuesta de Bolsonaro, permitiría establecer una edad mínima para que los trabajadores accedan al beneficio de la jubilación de 65 años para hombres y 62 para mujeres.

Aprobada la reforma, las prioridades serán las privatizaciones masivas y cambios en el sistema tributario para reducir impuestos que asfixian a empresas. Después de una década de fuerte crecimiento (2002-2013), Brasil entró en la peor recesión de su historia en 2015 (-3,8% del PIB) y 2016 (-3,6%), según un análisis de la entidad financiera Santander Río, esta caída se debió al descenso de los precios de productos básicos y el bajo consumo e inversión. La economía se recuperó en 2017 y el PIB registró una progresión del 1%. En 2018, confirmó su repunte, y el PIB del país creció un 1,4%. Se espera que la economía siga creciendo en 2019, alcanzando una tasa de crecimiento anual estimada del PIB del 2,4%, indican datos del Fondo Monetario Internacional.

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