Esteban Diácono, el argentino que impresionó a Gucci y Apple con sus motion graphics

El Intransigente entrevistó al cordobés para conocer su historia y visión del lenguaje digital.
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Gucci, Apple y Wix contactaron al diseñador gráfico Esteban Diácono para que diera vida a sus campañas. Aunque él esquiva la etiqueta de artista, no son pocas las personas que lo valoran de esa manera debido a sus proyectos espectacularmente expresivos y sensibles. En esta entrevista con El Intransigente describe cómo fueron sus comienzos y el motivo de su interés por la figura humana.

EL INTRANSIGENTE: Para vos, ¿qué significa el lenguaje visual?
ESTEBAN DIÁCONO: Es la forma en la que siempre he consumido el mundo. Creo que mi generación fue una de las primeras en nutrirse masivamente de todo lo visual y de percibirlo como una parte fundamental de la comunicación. Hoy por hoy representa no solo mi pasión sino también mi medio de vida y me considero extremadamente afortunado de poder conjugar ambas.

EI: ¿Qué peligro ves en esta era de la imagen?
ED: Supongo que el mayor peligro es el re-florecimiento del narcisismo y la pérdida de rigor en la crítica y en la forma en que la gente evalúa su propia producción. Hoy es más fácil que nunca generar contenido, ponerlo afuera y recibir feedback basado en cosas que tal vez no tienen nada que ver con el producto. El espejo en el que mucha de la Gen Z se mira devuelve una imagen distorsionada por filtros y por una manera selectiva de enfocar la propia vida.

EI: ¿Cómo puede influir eso en el día a día?
ED: Muchos jóvenes creativos no están preparados para un ambiente laboral real y competitivo porque han crecido entre pétalos y halagos, y nunca han sufrido una crítica brutal o atravesado un portfolio review. Creo que el mayor peligro de la imagen es su capacidad de proyectar.

EI: Una constante en tu trabajo es el cuerpo humano, ¿por qué te interesa?
ED: Me resulta emocionante, tanto en su forma como en sus posibilidades. Su versatilidad desde lo motriz es fascinante; desde la liviandad y gracia del ballet hasta la precisión y ferocidad de un artista marcial o un luchador de élite, el cuerpo puede adaptarse a todo y superar sus propios límites de una manera sorprendente. Me gusta jugar con la figura humana por las reacciones que provoca. Hay gente que ve mis experimentos y puede sentir asco, fascinación, repulsión o la nada misma. Algunos lo consideran gracioso y otros ofensivo. Es un tema interesante para explorar y provocar.

EI: ¿Cómo fue el episodio entre la profesora de artes plásticas, su hermano diseñador, y tu interés por el diseño en la secundaria?
ED: En esa época tanto Marcela (mi profesora) como Fabián (su hermano) tenían al menos 20 años menos que el promedio de mis demás maestros. Eso facilitaba la conexión, pero cuando Fabián nos mostró su trabajo y contó sobre la profesión, yo quedé maravillado.

EI: ¿Qué siguió después?
ED: Hasta ese momento, siendo de un pueblo muy chico como Villa Carlos Paz, casi que me sentía obligado a seguir eventualmente trabajando en el negocio familiar y nunca antes se me había ocurrido la idea de que tal vez podía haber otra salida laboral, algo que fuera más apasionante que ese futuro. Cabe sumar que odiaba ese laburo con todo mí ser y a pesar de estar muy agradecido por todas las posibilidades que brindó.

EI: Tras ese encuentro y el interés por el diseño, ¿cómo se desarrolló tu formación?
ED: Casi que no se desarrolla, para ser honesto. Al terminar la secundaria me tomo un par de años para dedicarme a ser adolescente y para disfrutar de poder tocar en una banda con mis amigos. Nos iba relativamente bien en el circuito de bares y pubs de Córdoba, por lo que eran épocas divertidas en las que pensar en estudiar era algo difuso.

EI: ¿Qué cambió el rumbo?
ED: Por desgracia, en esos años mi padre se enfermó y falleció, provocando un profundo cambio en la dinámica familiar y en la forma en que a partir de ahí íbamos a pensar en nuestras oportunidades. En medio de esa época tumultuosa, pensé en aprovechar y estudiar Diseño Gráfico en Córdoba Capital, pero después de un año dejé la carrera.

EI: ¿Por qué?
ED: En parte, presionado por las dificultades económicas que en ese momento enfrentábamos y también un poco desilusionado de que esa carrera joven todavía no tenía muy claro qué enseñar a sus alumnos. Estaba más orientada a lo plástico que a lo comunicacional, que era lo que a mí más me interesaba. Convencí a mi madre de que me prestara algo de dinero para comprar mi primera computadora, que traía pre-instaladas unas versiones primitivas de Corel Draw, Photoshop y 3D Studio con los cuales empecé a dar mis primeros pasos, siempre de manera autodidacta.

EI: ¿Cuáles fueron esos temas iniciales?
ED: En esos años formativos las temáticas eran dictadas más que nada por la disponibilidad de herramientas nuevas y por su capacidad de traer a los pequeños usuarios más posibilidades. Por ejemplo, cuando salió el programa “Poser” pude dedicarme a generar animaciones usando figuras humanas, cosa que antes era imposible.

EI: ¿Qué otros programas llegaron en ese momento e influyeron en ese proceso?
ED: Lo anterior también ocurrió cuando aprendí a usar After Effects de una manera más creativa y eso abrió toda una época de temáticas más cercanas al collage, donde empecé a combinar imágenes generadas en 3D con cosas que scanneaba, etc. Era sin duda un momento muy interesante para estar abierto a nuevas herramientas y formas de crear.

EI: ¿Cómo reconocés cuando un diseño está terminado?
ED: ¡Cuando el cliente reclama los masters o cuando tengo que empezar un render porque se me acaba el tiempo libre! Lo bueno de haber transformado mi cuenta de Instagram en esa especie de reguero de migas de pan de mi aprendizaje es que todo micro proyecto se desarrolló dentro de un espacio finito de tiempo, casi como una capsula. Haberme puesto un límite de 3-4 horas por project me ayuda a saber que no puedo morir en infinitos detalles y que tengo que ser práctico, simplificar y avanzar con otra cosa. Ayuda a no pegarme emocionalmente a nada.

EI: ¿Cuál es el proyecto que más satisfacción te produjo?
ED: El video musical que realizamos para LUMP, el proyecto paralelo de la gran Laura Marling es mi trabajo favorito de los que hemos hecho hasta la fecha. Segundo vendría el video que hicimos para la presentación de la iMac Pro, que a pesar de haber resultado fallido en muchos aspectos, me permitió explorar una de mis obsesiones del momento con total libertad y eso fue muy satisfactorio.

EI: En tu perfil de Instagram mencionás que no sos artista, sin embargo, tu trabajo es definido como tal. ¿Por qué hacés la distinción?
ED: No me considero un artista por varios motivos. Para empezar, el grueso de mi trabajo es comercial, y si bien siempre uno trata de poner una impronta o sello personal, al final del día uno responde a una serie enorme de decisiones encadenadas a los valores comerciales de los productos. Si bien suele haber lugar para jugar un poco, muchas veces es solo ejecutar ideas de otros o adaptar conceptos a productos.

EI: ¿Cuál es el otro motivo?
ED: Por otro lado, crecí rodeado de referencias al arte clásico ya que mi madre es una amante de la pintura y en casa siempre había libros y enciclopedias de arte. He tenido la suerte de poder visitar algunos de los museos más importantes del mundo y ante obras que quitan el aliento y han trascendido los siglos, inmutables, como puedo llamarle “arte” a estas cosas que hago mayormente en mi tiempo libre y sin otra intención más que la de aprender y divertirme.