Preocupante: crece la ola antivacunas en América Latina

La región es líder en vacunación, pero ahora sufre una tendencia peligrosa.
<a href="https://elintransigente.com/mundo/salud/2019/07/12/preocupante-crece-la-ola-antivacunas-en-america-latina/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-07-12T11:05:13-03:00">julio 12, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-07-12T11:05:14-03:00">julio 12, 2019</time></a>

El dato no es menor, de hecho, es muy preocupante. América siempre fue un continente líder en control y eliminación de enfermedades prevenibles con vacunación, pero ahora debe afrontar el incesante avance de un movimiento antivacunas que no para de tejer su influencia en medio de la alarma por la reaparición de brotes como el de sarampión o virus que ya estaban controlados por los distintos sistemas de salud.

Por ejemplo, en 2016 América se convirtió en la primera región del mundo en ser declarada libre de sarampión, al igual que lo ocurrido con la viruela en 1971, la poliomielitis en 1994, la rubeola y el síndrome de la rubeola congénita en 2015. Ahora, desde el año pasado se confirmó una nueva circulación del virus y la reaparición en Venezuela y Brasil de la transmisión endémica, a lo que se sumó este año un brote en Estados Unidos.

Este escenario se da en medio de la advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre “la desconfianza, la renuencia y el rechazo a la vacunación que es ahora una de las principales amenazas a la salud a nivel global”. De hecho, el debate se centró en Estados Unidos, donde se produjo el peor brote de sarampión en décadas. Según datos oficiales, al menos 1.000 personas resultaron infectadas.

Según la agencia de noticias ANSA, los primeros casos se dieron entre la comunidad judía de Nueva York, pese a que el virus había sido erradicado del país en el año 2000. Al tiempo, se detectó que la mayoría de niños infectados no habían sido vacunados. Al preguntar el motivo, muchos padres se basaron en ideas religiosas, filosóficas o en la creencia de que la misma vacuna puede devenir en autismo u otras afecciones.

Como era de esperar, este escenario se trasladó a las rede sociales con campañas de desinformación sobre los supuestos efectos adversos, entre ellos y además de las complicaciones que generaría, la inducción a las relaciones sexuales a temprana edad, argumento inédito y ridículo reiterado una y otra vez por la ciencia. Incluso, abogados aseguran que la gente debe evitar la vacunación de los niños alegando que están “violando el principio de autonomía”.

En Colombia, por ejemplo, la inmunización contra el VPH, vinculado con el cáncer de cuello uterino, ya había generado una fuerte polémica en Colombia, país que registró una fuerte reducción de la vacunación contra ese virus, pasando del 97% a menos del 30%, cifras impactantes y negativas para el sistema de salud público. ¿Qué fue lo ocurrió en ese entonces?

El caso se refiere a unas 400 niñas que, según sus familiares, luego de recibir gratuitamente la vacuna contra el VPH, los niños “sufrieron desmayos, fiebre, pérdida de peso y dolores estomacales, en las extremidades y de cabeza”. Para el Gobierno, esto se trató de una “sugestión colectiva”. Expertos colombianos aseguran que difundir “conceptos erróneos sobre estas cuestiones le dan más fuerza a estos movimientos en la región”.

Brasil, por caso, alertó sobre las noticias falsas vinculadas a la vacunación. Datos oficiales indican que en ese país “la aplicación de siete de las ocho vacunas obligatorias para niños (rotavirus, meningocócica C, neumocócica, poliomielitis, combinada pentavalente, hepatitis A y triple virus) se redujo y el año pasado acabó por debajo de la meta estipulada del 95%.

Este retroceso está relacionado directamente con el auge de las tendencias antivacunación en las redes sociales del país. El mismo escenario se da en el resto de las naciones cercanas. Por ejemplo, en Costa Rica, una niña de 10 años presentó un recurso de amparo ante la Sala Constitucional para que no le aplicaran la inmunización contra el virus del papiloma aduciendo que violenta su derecho a la salud.

En Argentina, por ejemplo, en diciembre se aprobó una ley que establece la “obligatoriedad de aplicarse las vacunas“, y ante ello se ordenó inmunizar a un recién nacido contra la hepatitis B y la tuberculosis, pese a los reclamos de los padres sobre los supuestos efectos secundarios como un “peligro de muerte súbita”. En este caso, la Justicia se posicionó por encima de los padres.

Chile tiene un caso similar pero en 2012, cuando la Corte Suprema obligó a Desirée Becerra a vacunar a su hija de 5 meses, fallo que llevó a la mujer a impulsar un movimiento que ahora tiene miles de miembros en Facebook. Ellos “desaprueban la imposición de una cosmovisión de la medicina tradicional, así como las acciones medicas obligatorias sin consentimiento de padres y pacientes”.

Vale recordar que la comunidad científica y médica desmienten constantemente los efectos secundarios de la vacunación, y recuerdan que el hecho de no vacunarse no afecta en forma individual a quien se niega hacerlo, sino también a todo su entorno al quedar expuesto a un contagio por esa misma persona. Esto, extendido a otros, abre un abanico inmenso de nuevos focos de contagios.