¿Los falsos recuerdos son un trampolín para hacer el mal?

Una catedrática editó un libro sobre la memoria y los crímenes.
<a href="https://elintransigente.com/mundo/salud/2019/09/09/los-falsos-recuerdos-son-un-trampolin-para-hacer-el-mal/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2019-09-09T13:05:24-03:00">septiembre 9, 2019</time><time class="updated" datetime="2019-09-09T13:05:25-03:00">septiembre 9, 2019</time></a>

Los motivos que llevan a hacer el mal pueden ser múltiples, a veces, indescifrables, y los recuerdos que llevamos dentro pueden potenciar todo tipo de reacciones pero, por sobre todas las cosas, cargados de emociones. De allí se pueden disparar todo tipo de emociones, algo que ahora está bajo estudio y que la agencia EFE describe en un reciente artículo sobre la psicóloga criminalista Julia Shaw en su libro Hacer el Mal.

La publicación de la editorial Planeta tiene por objetivo “ayudar a comprender por qué la gente hace cosas terribles”. En situaciones extremas, la mente nos lleva a modificar lo que creemos ya que los recuerdos “pueden terminar tan lejos de la realidad que podemos llegar a creer que hemos sido víctimas o testigos de un crimen que nunca tuvo lugar, o que perpetramos un crimen que nunca ocurrió”.

Según detalla la agencia española, el catedrático afirmó que “mientras se sometía a terapia para salir de su alcoholismo, los trabajadores sociales le repitieron en numerosas ocasiones que de niño debieron abusar de él. Mientras acudía a esta terapia cuidaba a su padre anciano. Se sentía exhausto y cuando se le arremolinaron todos los recuerdos, lleno de ira y como acto de venganza, cometió el asesinato”.

De esta manera, Shaw asegura que los falsos recuerdos son memorias que se toman y se creen como algo real pero que nunca ocurrieron tal como lo recuerdan. “Suena a ciencia ficción, pero los recuerdos falsos son más comunes de lo que pensamos”, detalla en un pasaje del libro en el que la autora establece que “el verdadero entendimiento de lo que llamamos mal hay que encontrarlo en la intersección de disciplinas tan diversas como la criminología, la psicología, la filosofía, el derecho y la neurociencia”.

En tanto, al momento de descifrar comprender por qué hacemos el mal y qué tipo de personalidades aparecen, la experta se basa en algunos estudios que hablan de las personalidades oscuras: psicópatas, sádicos, narcisistas y maquiavélicos. Dichas personalidades “son capaces de arreglárselas (incluso florecer) dentro de un ambiente de trabajo, académico o en la comunidad”.

En el libro, la autora también avanza sobre aspectos determinantes para estos comportamientos, como “los esquemas del asesinato, la psicología de la sed de sangre, la ciencia de las desviaciones sexuales, la psicología del pensamiento colectivo o la ciencia de la la conformidad”, y llega a la conclusión de que “cualquier persona puede ser peor de lo que se cree”.

De hecho, amplía: “Todos los cerebros son un poco sádicos, todos somos capaces de asesinar, todos los monstruos son humanos y la tecnología puede amplificar la crueldad”. Quizá, la publicación de este libro ayude a abordar cómo se llevan a cabo múltiples asesinatos cuando el auto no tiene antecedentes al menos desde lo judicial, o no da señales de que algo así podría llegar a cometer.