Lavado de manos

Doodle: la incansable lucha de Ignaz Semmelweis por imponer el lavado de manos en la medicina

Ignaz Semmelweis descubrió que el lavado de manos salva vidas.

El médico húngaro descubrió que la higiene es clave para prevenir enfermedades.
<a href="https://elintransigente.com/mundo/salud/2020/03/20/la-incansable-lucha-de-ignaz-semmelweis-por-imponer-el-lavado-de-manos-en-la-medicina/" rel="bookmark"><time class="entry-date published" datetime="2020-03-20T09:00:50-03:00">marzo 20, 2020</time><time class="updated" datetime="2020-03-20T09:40:44-03:00">marzo 20, 2020</time></a>

En tiempos de lucha contra la pandemia de coronavirus, el lavado de manos es reconocido como una medida de prevención de contagios. Pero esto no fue siempre así, ya que hace menos de dos siglos ni siquiera adoptaban esta práctica los profesionales de la salud. Fueron las investigaciones y la obstinación de Ignaz Semmelweis las que cambiaron el paradigma y permitieron salvar millones de vida.

Semmelweis fue un médico húngaro del siglo XIX que se desempeñó como jefe de residentes en la maternidad del Hospital General de Viena. Su arribo a la institución se produjo en tiempos difíciles para las mujeres europeas, pues una de cada tres mujeres moría al dar a luz. La causa del deceso era siempre la misma, la fiebre puerperal.

Las mujeres que vivían en condiciones de pobreza acaparaban los índices de mortalidad. Las embarazadas económicamente menos favorecidas se veían obligadas a traer a sus hijos al mundo en quirófanos cuyas condiciones de asepsia eran casi nulas. Por tal motivo, eran más propensas a contraer la misteriosa infección que les costaba la vida.

En épocas en las que no se tenía conocimiento de los gérmenes, Semmelweis se propuso descubrir el origen de la enfermedad. Mientras que sus colegas buscaban causas ajenas a ellos, él se dio cuenta de que, en realidad eran los responsables. El médico llegó a esta conclusión luego de ver que los residentes acudían a la sala de partos directamente después de sus prácticas en la morgue y sin lavarse las manos.

Por otra parte, el húngaro notó que las matronas tenían una menor cantidad de pacientes fallecidas al dar a luz. La gran diferencia entre estas y los practicantes es que ellas no estaban en contacto con cadáveres. Fue entonces que él cayó en la idea de que la higiene era de vital importancia para combatir la fiebre puerperal. Por tal motivo, empezó a exigir en su departamento el lavado de manos.

Para muchos colegas de Semmelweis, sus ideas carecían de sustento científico. A lo largo de su vida, batalló duramente con sus pares para que tomaran en serio sus recomendaciones. Al cabo de varios años, acabó internado en un manicomio por caminar a los gritos por la calle. Fue su propia esposa quien lo llevó engañado al lugar donde pasó el resto de sus días.