El odio a los emprendedores

El Gobierno bajo la lupa de Osvaldo Grandos.

(Por Osvaldo “Bebo” Granados).- “Alberto es demasiado flojo con los bancos y las empresas”. “Encima protege a Larreta”. Estas frases se escucharon el domingo pasado a la noche en una reunión entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires, los intendentes e integrantes de La Cámpora. Ese día, de enfrentamientos verbales entre Larreta y Kicillof, el presidente llamó por teléfono al primero y le dijo que fuese a Olivos. Larreta no entendía nada, porque todo estaba dicho hacía varias horas. Cuando llegó, el presidente se sacó una foto, casi sin ninguna explicación, y después se viralizó por las redes. Allí entendió que el mensaje era para otros.

Después la diputada ultracristinista Fernanda Vallejos propuso que el Estado tenga “participación en el capital” de las empresas a las que se asiste con subsidios durante la pandemia del coronavirus. Según los abogados, las empresas no pueden pagar porque el Estado los obliga a cerrar las puertas. No dejaron que ingrese dinero. Es una extorsión al sector privado con créditos subsidiados a través de los impuestos que pagamos todos.

Hay varios planes que se analizan en el Instituto Patria sobre cómo conseguir capital para captar empresas en quiebra. La venta de OCA y de Garbarino a firmas sospechadas de vincular societarios con Hugo Moyano evoca viejas fantasías. El peronismo nunca se llevó bien con las reglas del mercado. No le interesan los beneficios que genera la inversión privada. Creen solo en el intervencionismo estatal.

La clave hacia dónde vamos, la señaló casi sin darse cuenta el presidente de la Nación. Subrayó hace tiempo: “Llegan los tiempos de la solidaridad, terminar con la meritocracia”. Allí además se asoció a la ideología franciscana del Papa Francisco, el “pobrismo”. La clave es que toda la sociedad, como los jubilados, baje tres o cuatro escalones en su consumo. La “mayoría” para ayudar a los que menos tienen. El enemigo del populismo es la clase media.

La consideran egoísta, trata de destacarse, quiere disfrutar de su esfuerzo. Muchos profesionales y comerciantes. La culpa la tiene el argentino que trata de progresar. El populismo tiene una estrategia política. Tiene una narrativa maniquea. Divide entre buenos y malos. El discurso es bueno para ganar elecciones y administrar la abundancia. El drama, es cuando no hay nada para repartir. Allí se convierte en tragedia.

En estas décadas vimos, la dadiva, la limosna, el subsidio, el fanatismo, a los jefes gremiales enquistados durante décadas, el barra brava, el puntero del Conurbano, el gobernador feudal, los que reparten cargos. Parientes y testaferros heredarán fortunas. La clase política para poder mantener esta estructura corrupta se ha cebado cobrando impuestos sin medir las consecuencias. Proponen siempre algo nuevo que provoca, como tantas veces, una estampida de capitales. Además, odia a los jóvenes emprendedores privados.

Las provincias y municipios van por lo mismo. Las medidas que están pensando apuntan a los que trabajan en la actividad privada. Si estos no gastan, ni invierten y sacan sus capitales del país, el efecto se sentirá en todo el país. Si alguien acumula riqueza -expresan-, hay que quitarle una parte y dársela a otro. La ventaja hoy la tiene el empleado del Estado, cuya recaudación se desplomó. Pero recibirán, sin trabajar la totalidad del sueldo. Los privados, tienen una quita del 25%. Los monotributistas, autónomos, los comerciantes, al borde de la desaparición.

Hoy, en todo el mundo el populismo se fagocita a los herbívoros de la social democracia. Felipe Gonzáles los definió: “Respuestas simples a problemas complejos y fundamental, la búsqueda de un culpable”. Por esa razón, los intendentes de Buenos Aires apuntan a Larreta. Este tendrá la culpa si las villas del Conurbano estallan por el virus. Agregan a Vidal. Allí, el tema central es otro. Está creciendo en las encuestas y no le encuentran explicación.

Solidaridad sí, meritocracia no. En definitiva, desprecian a los que se atrevieron con esfuerzo a progresar. Los que arrancaron con una Pyme y crecieron. Los odian, porque ellos fracasaron siempre. Nunca trabajaron en el sector privado y vivieron de la burocracia estatal.

Desde allí, nos quieren decir, cómo tenemos que vivir.

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