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ECONOMÍA

La inflación no para de crecer y el dinero vale cada vez menos: qué se compra con 1.000 pesos

Además, el reclamo de los almaceneros a la Secretaría de Comercio por los aumentos y la reacción de los consumidores.

La inflación de febrero fue del 4,7% la más alta desde el año pasado y en alimentos, ese número trepó al 7,5%. En ese marco, Fernando Savore, presidente de la fundación de almaceneros de la provincia de Buenos Aires, precisó que «nosotros lo que venimos viendo comparado con lo que fue el mes de noviembre y diciembre es que teníamos incesantes aumentos, pero siempre hablabamos de un 4%, 5%. Sin embargo a partir de enero, nos econtramos con aumentos de un 15%«.

Esta mañana en diálogo con Luis Majul en LN+, el entrevistado aclaró que esos incrementos «no se dieron en una empresa sino en muchas empresas» y en consecuencia, contó que «lo que hicimos fue pedirle una reunión al secretario (de Comercio) y documentar las boletas de la última y anteúltima compra. También documentar las listas nuevas y viejas para mostrarle que los aumentos estaban siendo muy graves».

En esa línea hizo hincapié en que «esto tiene un impacto tremendo en el bolsillo del consumidor» y admitió que «ayer cuando escuchamos que la inflación en alimentos fue del 7,5%, la verdad es que no nos toma por sopresa». «Sabíamos que esto iba a pasar, lo advertimos», remarcó y explicó que «lo sabíamos porque estamos en el día a día de vender y comprar mercadería».

«Nos preocupa porque vemos que la gente empieza a dejar la mercadería», señaló y contó que «cuando salió el billete de 1.000 pesos era una preocupación para nuestro sector tener el vuelto para darle si venían 6 o 7 clientes y hoy un billete de 1.000 pesos representa 4 productos». En ese contexto, acerca de qué respuesta recibieron de la Secretaría de Comercio cuando le plantearon el tema de la inflación, indicó que «se habló del programa SuperCerca que iba a incluir 150 productos y después nos enteramos que iban a ser 75» y aseguró que «a partir de ahí no tuvimos más comunicación con la Secretaría».

Sin quedarse callado, Savore sostuvo que «evidentemente un plan de 75 productos puede servir como referencia, pero yo entiendo que es como ponerle una curita a una herida de un sable» y afirmó que ninguno de estos programas tienen un efecto concreto en la lucha contra la inflación, debido a que, no inciden en los precios que se ven en las góndolas. A modo de ejemplo, detalló que «una empresa de pan lactal puso el pan de panchos en Precios Cuidados, es decir, que lo bajó 4 pesos a ese producto y ese mismo día todo lo demás lo aumentó un 15%».

«¿De qué sirven?»: duras críticas a los programas del Gobierno para frenar la inflación

Es por eso, que se preguntó: «¿De qué sirven?» y consideró que «son planes, que a lo largo de distintos Gobiernos, siempre fracasaron». Por lo tanto, inisistió con que estas iniciativas son «como una curita en una gran herida» y recalcó que los alimentos son los productos «más castigados» por las subas. «A mitad del año pasado, teníamos una leche de segunda marca de una primera marca que la podíamos vender a 74 pesos y hoy esa misma leche la tenemos que vender entre 120 y 130 pesos».

«Un yogurt de vasito lo tenemos que vender en 100 pesos, un yogurt de sachet de litro, que ahora tiene 900 mililitros porque le sacaron 100, lo tenemos que vender en 220, 230 pesos», agregó y enfatizó que «los aumentos agresivos son hacia la comida». Frente a este panorama, afirmó que «el ritmo de remarcar los precios es constante» y explicó que «nosotros tenemos que ir todos los días al mayorista».

En ese punto, indicó que «el 80% de la mercadería que nosotros vendemos proviene de lo que compramos en el mayorista y en el distribuidor», ya que según manifestó: «La empresas monopólicas a nosotros no nos venden». «Entonces, cada vez que venimos con la boleta, tenemos que agarrar esa boleta, marcar item por item y empezar a cambiar precios», puntualizó.

Sobre la reacción de los clientes ante los incrementos, Savore sostuvo que «ahí está el meollo del problema» porque «cuando un consumidor va a un hipermercado con la góndola no se enoja cuando cambia el precio ni con la cajera porque es una empleada de la empresa». No obstante, «cuando vienen a nuestros negocios, uno ve el disgusto de la gente», marcó y recalcó que «hoy el 60% de nuestra venta es con dinero plástico, compran con la tarjeta de crédito».