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Los Miserables: Stalin, Putin y una historia de tragedias continuas

Cerca de cuatro millones de ucranianos murieron de hambre entre 1932-1933, en uno de los más crueles genocidios de esta historia de tragedias continuas.

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Primera parte

Por Federico Mena- Martínez Castro

Algunos acontecimientos que precedieron a los que hoy transcurren

El tema de la magnífica obra de Víctor Hugo gran poeta y novelista francés que inspirara este título trata acerca del bien y del mal, es decir de la ética, la justicia y la fe, valores vigentes dentro de la Francia de mediados del siglo XIX, reflexionando acerca de la naturaleza humana y su comportamiento frente a la adversidad. El caso que hoy nos conmueve se encuentra en las antípodas de los valores anteriormente mencionados por Víctor Hugo.

La historia cíclicamente se repite y, es entonces cuando encontramos coincidencias agravadas hoy, junto a los acontecimientos macabros vividos bajo la era Stalin y los transcurridos en estos días con Vladimir Putin. No existen palabras para expresar el horror y la maldad puestas en la mente de los miserables nombrados en el epígrafe, de la mano de bombas, misiles y demás armas letales de destrucción masiva.

El pensamiento de un hombre normal, en su sano juicio, evita tratar lo que sería una guerra atómica de las superpotencias y los coletazos de la misma que estamos viviendo, y se sienten ya en los distintos países del orbe, especialmente dentro de la economía mundial. Se agrega ahora la amenaza de las armas químicas dado el poco avance de las tropas rusas que tiene cercadas las ya casi destruidas ciudades ucranianas.

Vladimir Putin

El conflicto entre Rusia y Ucrania viene de largo tiempo atrás, desde la época de los zares y la revolución bolchevique, y más próximamente desde el año 1821. Durante el imperio de los zares, Pedro I “El Grande de Rusia” mediante decreto ordenó la depuración de la lingüística ucraniana en la literatura teológica impresa.

Y a continuación años más tarde la emperatriz Catalina II de Rusia envió orden secreta al fiscal general del imperio conminándolo a establecer un programa de rusificación de Ucrania también llamada “Malorossia” que significaba “Pequeña Rusia”, como así también a los territorios de Finlandia y Livonia, sin autorizar la fuerza, sino empleando métodos persuasivos y blandos.

Lo que sí era ya establecido por los distintos jefes de estado rusos ya desde el siglo XVII, fue el empleo de una política a largo plazo, que incluía la incorporación de Ucrania con la consecuente eliminación de las bases culturales de su pueblo. Es así que en el año 1863 se promulgó la circular de Valúev donde se afirmaba falazmente que el idioma de Ucrania nunca existió, y en 1876 el zar Alejandro II promulgó un documento oculto en el que prohibía el idioma ucraniano, salvo cuando se tratare de la reimpresión de documentos antiguos.

Posteriormente a la segunda guerra mundial sobrevino una especie de resurgimiento tibio de la cultura ucraniana, debido a que el bolcheviquismo, mediante una política de indigenización que llamaron “korenización” actuaba reforzando el partido, estando implícito el concepto de una herencia rusa compartida que continuó hasta el advenimiento de Stalin donde fue relegada a un plano inferior, convirtiendo así al idioma ruso en idioma oficial.

Sobrevinieron las colectivizaciones de las granjas agrícolas y una oleada de “purgas”, la primera entre 1929 y 1934 y la segunda en 1936 y 1938 que redujeron a la mitad los mandos políticos ucranianos siendo reemplazados por elementos enviados desde Rusia.

Luego de la segunda guerra mundial y después de ella la mencionada rusificación se interrumpió por un breve espacio de tiempo debido a la ocupación de las fuerzas del Eje, pero la misma continuó en 1938 bajo el comando de Nikita Jrushov que en aquella época era secretario del partido comunista de Ucrania.

Al finalizar la guerra mundial, la Ucrania Occidental fue incorporada a la Unión Soviética deportando a los intelectuales importantes a Siberia. Su sucesor Leonid Bréshnev siguió adelante con su política de rusificación durante la posguerra.

En la década del sesenta se comenzó a utilizar de nuevo el idioma ucraniano contradiciendo la política rusa, lo que motivara un ahondamiento de la educación básica del ruso que se comenzó a impartir desde la escuela primaria hasta que finalmente, a partir de la década del noventa pasó a ser el idioma oficial de la totalidad de la Unión Soviética.

La política del soviet fue más intensa en Ucrania, razón por la cual existe en este país un grupo étnico no ruso que habla el idioma impuesto a la fuerza.

La Independencia ucraniana

También llamada Revolución ucraniana, en la cual participaron distintas facciones durante el mes de octubre de 1917 y se desarrolla en parte cuando transcurría la primera guerra mundial. El 23 de junio del mismo año, la llamada Rada Central promulga la Primera Universal que declara la autonomía ucraniana dentro de la Rusia Federada que fuera apoyada por el primer congreso panucraniano campesino el día 28 de junio

También por aquel tiempo transcurre el colapso del imperio austro húngaro como así también el ruso, situaciones estas que tuvieron sus efectos en el movimiento nacional del país hoy invadido, donde transcurren en un lapso de cuatro años gobiernos de distinto signo generando un caos devenido en guerra civil hasta que finaliza dividiéndose en 1921 en la Ucrania soviética y la Segunda República Polaca, con regiones pequeñas como Bielorusia, Checoslovaquia y Rumania

Después de la independencia del país (1921) el ucraniano sigue siendo el idioma oficial, aunque hay regiones donde el idioma ruso podía ser utilizado en las regiones rusófonas enunciadas anteriormente. De acuerdo a esta premisa, la televisión ucraniana y los medios de comunicación en general usan ambos idiomas, debido a que el proceso de desrusificación no tuvo los resultados apetecidos.

La sufrida y codiciada Ucrania pasó por distintas etapas, pues en 1917 después de la revolución de Octubre se produce un gran vacío político, sobreviniendo entonces la Guerra civil rusa, hasta que se conformó la República Popular Ucraniana y la disolución del Imperio Austro-Húngaro que ya hemos mencionado anteriormente. En definitiva, su territorio pasó por distintos estadios y turbulencias que sería largo enumerar en una nota periodística.

Otra de las tragedias en que se vio envuelta la Ucrania y su pueblo fue:

El Holodomor o muerte por inanición

Esta hambruna o genocidio mató a millones de campesinos ucranianos, situación esta que aún late entre las generaciones nuevas de ucranianos a casi un siglo después en la década de 1930 donde murieron hasta cuatro millones de pobladores durante la colectivización obligada de las granjas por orden del dictador soviético Joseph Stalin.

Son escalofriantes los relatos de algunos sobrevivientes, y en esta ocasión relatamos solamente un par de ellos:

“Se apresuraron a echar el cerrojo a la puerta y cerrar las ventanas de la pequeña casa de madera, que vibraba por los golpes de los hombres afuera. Petro Mohalat, ahora de 95 años, recuerda las primeras redadas de alimentos en el invierno de 1932.

Tenía cinco años cuando la «brigada» comunista llegó al pueblo. Su abuela les dijo a los niños que se escondieran donde pudieran. «Fue muy aterrador. La brigada tenía horcas y venían a todas las casas a buscar pan«, recuerda. «Usaron palancas para entrar. Luego fueron a todos los graneros tratando de encontrar pan enterrado«.

«Bajo las órdenes de Stalin, los funcionarios comunistas incautaron alimentos e impidieron que los campesinos salieran de sus aldeas para buscar suministros. Estaban siendo castigados por resistirse a la colectivización forzosa de las fincas”.

Oleksandra Zaharova siente la responsabilidad de transmitir lo que recuerda sobre la hambruna«

Oleksandra Zaharova, de 98 años, recuerda el hambre constante, la búsqueda desesperada de comida y los rostros de los muertos.

«¿Qué pude ver?«, pregunta. «Vi gente que murió. Hicieron un pozo grande y arrojaron todos los cuerpos allí«. Su padre logró escapar y viajó al oeste de Ucrania, tomando los objetos de valor restantes de la familia para tratar de cambiarlos por comida. «Pero no consiguió nada«, cuenta. «Perdimos todo«.

El bisnieto de Oleksandra, Dmytro, que creció escuchando sus historias sobre el Holodomor, ha servido en el ejército ucraniano en el este del país. «Ahora está con su unidad, preparándose para defenderlo en caso de una invasión”.