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ECONOMÍA

Estudio de la CAME: ¿cuánto incide el productor agropecuario en los precios de las góndolas?

La brecha entre los productores y los supermercadistas se amplió en el último mes producto de inestabilidad económica.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) realizó un informe del mes de julio y demostró que el productor agropecuario de hortalizas recibe 1$ de los 6$ que abona el consumidor para adquirir su producto en un supermercado o comercio. El estudio justificó que el productor tiene incidencia en los precios de las góndolas solamente en un 25,6% y que el resto del costo es ajustado por los actores de la cadena de valor que abusan de la posición dominante del mercado.

“Los productores de los agroalimentos con mayor diferencia de precio entre campo y góndola coincidieron en la falta de precios de referencia, provocada por la inestabilidad de la macroeconomía y su impacto en el precio de los principales insumos que utiliza la producción agropecuaria”, comentó CAME en declaraciones citadas por la agencia NA.

«A los inciertos costos de reposición se suma, además, una caída de demanda por pérdida de poder adquisitivo», señalaron desde la entidad que nuclea las medianas empresas. El consumidor que compra un zapallito termina pagando 14,11 veces más de lo que recibe de ganancia el productor por generar la hortaliza en su campo. Algo similar sucede con el limón (14,03).

“El análisis demuestra que el productor primario no es formador de precios, por lo que tampoco es responsable de su escalada. En general, las diferencias entre origen y destino se deben a un conjunto de comportamientos como, por ejemplo, los especulativos, adoptados por diferentes actores de la cadena de valor que abusan de su posición dominante en el mercado, básicamente los hipermercados, los galpones de empaque y las cámaras de frío”, remarcó la CAME.

Sin embargo, los productores de las hortalizas como la frutilla, la cebolla y el ajo reciben entre 1,77 y 3,11 menos de lo que el cliente paga en las góndolas. Por lo tanto, las diferencias dependen del producto y responden en mayor medida a los desbarajustes de una macroeconomía inestable y una moneda nacional que se desprecia constantemente.