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La ONU concluyó que 1 de cada 3 mujeres sufre violencia psicológica

Según la ONU, este tipo de abuso es uno de los más comunes dentro de la violencia de género.

Según las estadísticas, las niñas y las mujeres sufren violencia psicológica en un porcentaje significativamente mayor que los hombres. La ONU concluyó que 1 de cada 3 mujeres en el mundo sufre violencia de género (entre ellas, violencia psicológica). Además, comparte el mapa de violencias con la que se ejerce de manera física y sexual.

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la Ciudad de Buenos Aires hizo su propio relevamiento. Acorde informó la Secretaría para la Igualdad de Género del GCBA, durante el 2021 se recibieron 13393 denuncias por violencia de género: de ese total, 6957 fueron por violencia psicológica. Según el Mapa de Violencia de Género desarrollado por ese organismo, son la principal causa de denuncias.

“Entre las principales características que se repiten en la violencia psicológica, se encuentra la humillación, el sometimiento, las amenazas, el descrédito, la discriminación, la ridiculización y el aislamiento”, contó a NA la psicóloga Mara Fernández. En relación al motivo de consulta, explicó que “las personas que sufren de violencia psicológica suelen acudir a la consulta por dificultades para conciliar el sueño, trastornos alimentarios, depresión, ansiedad, dificultades para encontrar un sentido a su vida, y baja autoestima”.

Cómo identificar la violencia psicológica

La violencia de género, según la ONU, se puede manifestar a través de distintas formas de abuso psicológico. Puede ir desde minimizar las tareas que realiza la mujer en el hogar hasta descalificar las habilidades profesionales, hacer comentarios negativos sobre su cuerpo, imagen o vestimenta hasta el control sobre el dinero.

Entre los ejemplos más comunes que Fernández identifica en una pareja, desataca “insultos y críticas acerca de cómo se viste o cómo se peina la mujer». También, hacerla sentir “incapaz” para realizar las tareas de la casa y el cuidado de los hijos; apartarla de su grupo social de pertenecía; ejercer quejas constantes sobre su rol como mujer y su desempeño en lo sexual.

El daño emocional que el agresor provoca a través de repetidas amenazas, restricciones, descréditos y manipulaciones genera a corto o a largo plazo la disminución de la autoestima y el desarrollo personal de su víctima. Ese control que se ejerce en un primer momento a nivel psicológico, una gran mayoría de veces culmina en violencia física. Y esta, a su vez, en la forma más extrema de violencia de género: los femicidios.