El juez Fernando Pinos Guevara, a cargo de la investigación del triple crimen ocurrido en Florencio Varela, denunció amenazas directas vinculadas a causas de narcocriminalidad y advirtió sobre el riesgo que enfrenta su familia, luego de sufrir dos episodios de amedrentamiento sin que se le asignara custodia oficial.
En diálogo con Ignacio Ortelli, el magistrado describió cómo dejaron una billetera con dólares y un reloj de oro en su domicilio. Un gesto que interpretó como un mensaje intimidatorio. “Buscaron aleccionarme”, sostuvo, y añadió una frase que encendió alarmas: «Ojalá mi destino no sea trágico».
Ocho años sin custodia y una advertencia reiterada
Pinos Guevara explicó que durante casi una década solicitó protección policial por el tipo de causas que instruye, pero que todas las gestiones fueron rechazadas. Según su testimonio, incluso llegó a recibir una respuesta lapidaria: «No le vamos a dar nunca la custodia». Con el paso del tiempo, dijo, dejó de insistir ante la desidia y el costo operativo de trámites que no avanzaban.
El juez remarcó que los episodios recientes no tuvieron fines de robo, sino de amenaza y venganza. “El objetivo era amedrentar”, insistió, y subrayó que el temor no es solo personal, sino que alcanza a su esposa y a sus dos hijos pequeños, quienes viven la situación “con pánico”.
Miedo, familia y una decisión límite
“Hoy hay que acostarse a dormir sin saber qué va a pasar”, relató el magistrado, al describir la soledad con la que trabaja y la falta de protección en el juzgado. En ese contexto, confesó que la familia evalúa seguir adelante o irse, una disyuntiva que expone el impacto humano detrás de causas sensibles.
Las declaraciones reabren el debate sobre la seguridad de jueces que investigan organizaciones criminales y el rol del Estado para garantizar condiciones mínimas de protección. Mientras la causa sigue su curso, la advertencia del magistrado vuelve a poner el foco en un problema estructural que, según su testimonio, lleva años sin respuesta.
