Boca ya tiene la mira puesta en la Copa Libertadores 2026 y, puertas adentro, Juan Román Riquelme empezó a imaginar el equipo con el que quiere competir en serio. Más allá de los refuerzos confirmados y del armado actual, el foco está puesto en la mitad de la cancha, un sector clave para sostener el proyecto deportivo que encabeza Claudio Úbeda.
La clasificación directa a la fase de grupos cambió el escenario y le permitió al Xeneize planificar con tiempo. En ese contexto, la dirigencia entiende que el mediocampo debe dar un salto de jerarquía si el objetivo es pelear hasta el final en el plano continental.
El eje que Boca ya tiene asegurado
En la base del equipo aparece una dupla que genera consenso: Leandro Paredes y Ander Herrera. La idea es que ambos sean el sostén futbolístico del equipo, combinando manejo, experiencia internacional y liderazgo dentro del campo. En Boca confían en que, con continuidad física, puedan complementarse y marcar el ritmo de los partidos importantes.
Desde el cuerpo técnico destacan que ese eje permitiría liberar a otros volantes y potenciar el juego ofensivo, algo que fue una deuda en los últimos torneos.
Los sueños de Riquelme que ilusionan al hincha
El nombre que desvela al presidente es Paulo Dybala. El interés no es nuevo, pero tomó fuerza tras versiones cercanas al entorno del jugador de la Roma que alimentaron la ilusión. La situación contractual del jugador abre una ventana a mitad de año, aunque la decisión final dependerá exclusivamente de él.
Otro nombre que aparece con fuerza es Lucas Torreira, quien nunca ocultó su deseo de vestir la camiseta azul y oro. “Yo me muero por jugar en Boca”, confesó el uruguayo, una frase que todavía resuena en el mundo xeneize. El principal obstáculo es su contrato vigente en Europa y el esfuerzo económico que debería hacer el club.
Las alternativas que Boca evalúa en silencio
Ante las dificultades que presentan esas negociaciones, en Boca manejan opciones de respaldo. Una de ellas es Nahitan Nández, un viejo conocido que sigue en el radar. Su situación actual y el deseo de volver a tener protagonismo pensando en el Mundial lo mantienen como una alternativa posible, aunque su salario en el exterior complica cualquier avance inmediato.
Riquelme sabe que no será sencillo concretar todos estos movimientos, pero también entiende que el próximo mercado puede ser determinante. El mediocampo ideal todavía no está cerrado, aunque el mensaje interno es claro: Boca quiere llegar a la Libertadores 2026 con nombres capaces de marcar la diferencia.
