“La lista se reduce al mínimo si sólo se contabilizan a los jugadores que pasaron sin escalas de un equipo a otro, de River a Boca y al revés, y en ese duelo de colores despertaron un sentimiento de enojo, traición y despecho en los hinchas. Hieren los que son o eran amados, futbolistas que habían llegado a ser símbolos de un equipo y se cambiaron a la vereda de enfrente como, desde los años de la década del 80 en adelante, hicieron Juan José López, Ricardo Gareca, Oscar Ruggeri, Rubén Da Silva y Gabriel Cedrés, pero tambiénlastiman quienes ofenden con gestos groseros a su propia hinchada y rápidamente triunfan en el clásico rival como así fue el único e increíble caso de Ramón Miguel Centurión”, reconstruyó el periodista Andrés Burgo para la web de TyC Sports.
El reportero gráfico siguió narrando esta historia: “Apodado ‘Pelado’ o ‘Mano de Piedra’ (por su parecido físico con el boxeador panameño Roberto Durán y la contundencia de sus goles como golpes de puño, al menos en sus años iniciales en Unión de Santa Fe, de 1978 a principios de 1985), Centurión nunca se convirtió en un ídolo del club boquense”.
El escritor continuó: “De hecho, a finales de 1985, a pocos meses de haber arribado a la institución, era cuestionado en un equipo que se arrastraba en el décimo puesto de una tabla con 20 participantes, pero en diciembre de esa temporada tuvo una reacción al límite, o pasándolo: en el último minuto de un 0 a 0 contra Gimnasia y Esgrima La Plata marcó un tanto yensayó un festejo con gusto a venganza interna, tomándose los genitales de cara a la tribuna local de La Bombonera, en abierta provocación a ‘La 12’”.
El ex Boca y River que fue resistido por su propia hinchada
Además, narró que “era, o intentaba ser, una revancha personal porque a Centurión le enojaban los insultos que, en un ‘Xeneize’ en crisis, recaían especialmente sobre él, pero la desgracia para sí mismo fue que el árbitro –Jorge Romero, el juez que dirigió más partidos en Primera División- anuló su conquista por posición adelantada”.
Por último, concluyó con que “sería su última acción vistiendo la camiseta azul y amarilla porque la barra brava del elenco, entonces liderada por José Barritta –el ‘Abuelo’-, se encargó de hacerles saber a los compañeros de Centurión y a los dirigentes que no querían verlo más con dicha casaca”.
