Treinta años después de un debut que cambió para siempre la historia del folklore argentino, Soledad Pastorutti regresó al escenario que la vio nacer artísticamente para celebrar su trayectoria como solo ella sabe hacerlo. En la “octava luna” del Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026, La Sole brindó un show monumental ante una Plaza Próspero Molina colmada, bajo una lluvia persistente que no logró apagar la fiesta.
El imponente show de Soledad Pastorutti
El impacto fue inmediato: pasadas la 1:30 de la madrugada, la cantante descendió desde una esfera luminosa que simulaba una luna suspendida sobre el escenario Atahualpa Yupanqui. Las entradas se habían agotado semanas antes y la expectativa se sentía en el aire. Un video que recordó su irrupción en Cosquín en los años 90 terminó de sellar el puente entre aquella adolescente de Arequito y la artista consagrada que volvió para celebrar tres décadas de música.
El repertorio estuvo organizado en bloques que recorrieron distintas etapas de su carrera. El inicio tuvo un pulso más pop y eléctrico con temas como Sigo siendo yo y Vivir es hoy. Luego llegaron los clásicos infaltables que encendieron la emoción popular: A Don Ata, Adonde vayas, Hispano, Quién dijo, junto a versiones de Tu cárcel y Yo no te pido la luna. Los cambios de vestuario, los bailarines y la entrega del público acompañaron cada momento.
Uno de los puntos más celebrados fue la lista de invitados, que reforzó el carácter intergeneracional del show. Pasaron por el escenario Natalia Pastorutti, Cazzu, Nahuel Pennisi, Pedro Capó, Teresa Parodi, Ivonne Guzmán y La Delio Valdez, entre otros. Además, Soledad presentó parte de su nuevo proyecto, Casa Sole, consolidando su rol como puente entre tradiciones y nuevas expresiones.
El cierre fue pura emoción. Durante Brindis, la cantante alzó a un bebé del público y luego reunió a su familia sobre el escenario. Más tarde, recorrió Cosquín subida a un camión de bomberos, saludando y agradeciendo a quienes resistieron la lluvia hasta la madrugada. “Gracias Cosquín por darme una vida entera dedicada a la música”, expresó, entre lágrimas. Treinta años después, La Sole volvió a demostrar que su historia con esa plaza no es pasado: es presente vivo y futuro compartido.
