(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Wine Paris 2026 no se presentó como una feria donde la mirada se posara exclusivamente en el contenido de la copa. En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, cambios en los patrones de consumo y transformaciones profundas en el comercio internacional, el salón parisino modificó su lenguaje y amplió el repertorio.
Desde luego, el sabor, la calidad y la innovación, ejes emblemáticos de la muestra, se mantuvieron como pilares innegociables, aunque con un giro más que evidente, atento a los tiempos que corren y a los desafíos que la industria vitivinícola enfrenta. Como lo demuestra a lo largo de sus ediciones, el factor sorpresa no está en sus estándares, y con ello como base se sostuvo la idea de que tanto el vino como las bebidas espirituosas siempre existieron dentro de contextos marcados por el presente y la realidad, pero con la mirada puesta en el futuro.
Como ya nos tiene acostumbrados, París es una fiesta enológica en el mes de febrero. Y este año no fue la excepción. Entre el 9 y el 11 de febrero de 2026, volvió a convertirse en el epicentro del negocio global de vinos y bebidas espirituosas, con una agenda fecunda tanto en catas como en lanzamientos novedosos.
Wine Paris 2026 centró su atención en políticas públicas, aranceles, mercados emergentes, acuerdos comerciales y cambios culturales de consumo. No trató de esquivar temas que hoy son más que evidentes. Muy por el contrario, los instaló en el centro del programa, a la vista de todos. Y así surgió lo evidente: la agenda vitivinícola no pudo escapar a la realidad del tablero político.
Organización y novedades
La muestra fue la actividad principal, alrededor de la cual giraron actividades satélites, de esas que acaparan la atención de fanáticos y, por qué no, de nuevos interesados en el rubro. Con más de 180 actividades curadas, Wine Paris 2026 cobró una vida inusitada: clases magistrales, mesas redondas, talleres de cata interactivos, encuentros profesionales y conferencias con temas variadísimos.
La idea fue realizar una selección y proponer un diálogo. En este sentido, se pusieron manos a la obra bármanes, productores, expertos en selección y sommeliers. Hoy, el nicho de las bebidas es inmenso; ya no se reduce solo al vino. La familia se amplió con destilados, cócteles y bebidas con bajo o sin alcohol. Un idioma que hoy ya no hablan solo los expertos, porque esa propagación y diversidad reflejan una industria que no permanece quieta, que vira constantemente hacia rincones poco explorados. Se trata de satisfacer al mercado sin dejar de lado la innovación.
Y esa transición en la que nos encontramos fue reflejada en la feria, porque la muestra dejó en claro el lugar donde hoy está situada la industria.
Rodolphe Lameyse, director ejecutivo de Vinexposium —grupo internacional especializado en la organización de ferias y eventos relacionados con el mundo del vino y las bebidas espirituosas— sintetizó lo que verdaderamente se busca en encuentros como este, al afirmar que “los patrones de consumo están evolucionando y la industria se está diversificando”.
En ese contexto, explicó que “Wine Paris, Be Spirits y Be No —espacios temáticos dentro de Wine Paris— reflejan este impulso y dan vida, en París, a un ecosistema dinámico estrechamente conectado con las realidades del mercado”.
La Academia de Wine Paris, el programa académico y de contenidos profesionales de la feria, se integró a ese argumento como una herramienta de unión. Al explicar su función, Rodolphe Lameyse afirmó que “su programa promueve el debate sobre los principales desafíos de la industria y tiende puentes entre categorías, guiado por un espíritu de complementariedad y apertura”. Ese fue el eje desde el cual se organizaron los temas, los debates y la selección de expositores.

Geopolítica, comercio y un mundo en tensión
Uno de los ejes más controvertidos y expuestos de Wine Paris 2026 fue el tratamiento directo del contexto económico y político global. En este sentido, la feria se estructuró en tres sesiones principales para ayudar a la industria a navegar un escenario marcado por la volatilidad. Un panel se enfocó en el análisis del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur y puso sobre la mesa consecuencias concretas para los mercados europeo y sudamericano. Nada estuvo improvisado: se barajaron flujos, oportunidades, barreras y riesgos que enfrentan las cadenas de distribución de bebidas.
Otro de los temas abordados fue India, con el foco puesto en las oportunidades que surgen como resultado de políticas que alientan el libre comercio. El interés estuvo bajo la lupa de un proceso que debe construirse con el tiempo: educar al consumidor, establecer hábitos y generar regulaciones. Un mercado más que interesante, que espera la puesta en práctica de medidas conjuntas tendientes a la apertura de un gran escenario comercial por ritmo y escala de población.
El tercer gran debate se centró en las relaciones comerciales transatlánticas y en el impacto de los aranceles estadounidenses sobre las bebidas espirituosas y el comercio global. Para ello asistieron profesionales del Reino Unido y de Estados Unidos, dispuestos a hablar de márgenes de ganancia, precios, estrategias de posicionamiento de marcas y nuevas modalidades de abastecimiento. Así surgió el vino como producto de comercio en la web, una tendencia que ya se instaló en góndolas virtuales que permiten al consumidor no solo adquirir etiquetas, sino también ingresar en el mundo vitivinícola a través de plataformas digitales.
Be No y Be Spirits: nuevas categorías, nuevas preguntas
Be No y Be Spirits conforman dos categorías dentro de Wine Paris. La primera alude a las bebidas sin alcohol o con bajo alcohol. Lejos de tratarlas como una moda pasajera, Wine Paris las discutió como un fenómeno que forma parte de la estructura del mercado. Se abordaron temas que fueron desde el desarrollo de productos hasta la evolución del comportamiento del consumidor y la forma en que estas categorías impactaron en el mercado.
Los participantes tomaron nota, escucharon y midieron consecuencias, dejando de lado la coraza defensiva de años anteriores y mostrando una apertura que demuestra que, más que una tendencia, hoy estos temas son una realidad.
Una de las preguntas más repetidas fue si las bebidas sin alcohol deben considerarse aliadas o competidoras de vinos y bebidas espirituosas. Aquí se escucharon conceptos como complementariedad, ampliación de momentos de consumo y coexistencia dentro de una misma marca o portafolio. No se habló de enfrentamientos, sino de sinergia. La conclusión práctica fue que el mercado se volvió más “situacional” y menos “identitario”: el consumidor no busca una sola categoría, elige un contexto.
Be Spirits volvió a ser uno de los polos más intensos de la feria, con la coctelería como eje. El Infinite Bar, con 40 metros de largo y 20 bármanes, fue el escenario de colaboración entre marcas expositoras y bares parisinos de referencia como Moonshiner, Monsieur Antoine, Danico, Bisou, L’Ours y Red Poppy.
Además del espectáculo que siempre brinda la coctelería, se marcaron los detalles del recorrido que siguieron los destilados para construir valor a través de la técnica narrativa, la inventiva y la creatividad, una etapa que comenzó en Nueva York entre las décadas de 1860 y 1910, en el contexto de grandes hoteles y bares de lujo como el Hoffman House y el Waldorf Astoria, de la mano de Jerry Thomas y Harry Johnson.
Melita Kiely, editora jefe de la revista “The Spirits Business”, leyó el primer día las tendencias globales que habían configurado la industria de las bebidas espirituosas, apoyada en datos y señales de mercado. Luego, en los distintos encuentros, se citaron casos concretos: desde la maduración en barrica del whisky escocés Glen Moray hasta las tradiciones japonesas de destilación del “awamori” y el “shochu”. La conclusión confirmó algo que el sector ya venía percibiendo: la tendencia a la alta calidad y la curiosidad del consumidor avanzaron de la mano, aunque bajo la presión de un entorno económico más pesado.

Lanzamientos, marcas y estrategias de largo plazo
Wine Paris 2026 también fue una vidriera para productores que buscaron consolidar o expandir su presencia internacional. Aquí entraron en juego destilerías como Pegasus, con base en Meursault (Borgoña), que arribó a la feria con la idea de convertirla en su plataforma de lanzamiento europeo y abrir conversaciones de distribución con un enfoque de alta gama.
Otras firmas, como Solex Europe y Secret Garden Distillery, se centraron en la exportación y en alianzas estables con distribuidores. En charlas y pasillos prevaleció una consigna clara: menos operaciones oportunistas y más relaciones sostenibles, capaces de resistir contextos volátiles. La resiliencia fue una palabra recurrente en muchas exposiciones, entendida no solo como permanencia, sino como mejora estratégica.
La diversidad de stands fue asombrosa. Participaron productores de América Latina y Asia, destacándose rones, umeshu y whiskies artesanales. Para muchos de ellos, París fue una vía de ingreso al mercado europeo. Estados Unidos, Panamá, Filipinas y Japón convivieron en un mismo pabellón, con una amplia muestra de destilados que marcaron diversidad y diferencias dentro del nicho de productos ofrecidos.
Conclusiones que dejó la feria
La primera fue la importancia de la geopolítica en la industria. Ya no se habló de “riesgo externo”, sino de variable de diseño. Bajo este paradigma, se discutieron acuerdos, rutas comerciales y reglas de juego. Wine Paris, al poner estos temas sobre la mesa, reafirmó la necesidad de que el sector discuta política sin temor a perder su identidad.
El segundo cierre fue cultural. Be No no apareció como el antagonista, sino como el síntoma de un mercado que busca opciones y pide elasticidad. Las marcas que mejor comunicaron su propuesta fueron aquellas que mostraron coherencia entre producto, valores y ocasión de consumo.
La tercera conclusión fue de índole comercial: el concepto de “relación” tuvo más peso que el de “operación”. En un período en el que muchos mercados oscilaron entre la prudencia y el reacomodamiento, Wine Paris 2026 dejó un mensaje claro sobre la necesidad de construir continuidad. En ese escenario, el vino volvió a confirmarse como un idioma común en un mundo atravesado por la incertidumbre.
