Hay series juveniles que arrancan con todo y se desinflan a mitad de camino. Besos, Kitty no es una de ellas. El spin-off creado por Jenny Han a partir del universo de To All the Boys I’ve Loved Before llegó a Netflix con Anna Cathcart al frente y fue ganando terreno hasta convertirse en una de las franquicias adolescentes más sólidas de la plataforma. La segunda temporada retoma a Kitty Song Covey en su regreso al Korean Independent School of Seoul, y la confirmación de una tercera temporada ya en camino deja en claro que el universo tiene mucho recorrido por delante.
De qué trata la segunda temporada de la serie de Netflix
Gran parte del encanto de la serie descansa en Kitty. A diferencia de otras heroínas juveniles más calculadas, ella se mueve desde la impulsividad y la necesidad constante de intervenir en todo, incluso cuando eso empeora las situaciones. Anna Cathcart le da a ese caos una energía encantadora que vuelve fácil seguirla incluso cuando mete la pata, algo que, como anticipa la segunda temporada, sigue pasando con frecuencia. La idea de una «Kitty 2.0» más madura dura poco: los sentimientos abiertos con Dae, Yuri y Min Ho vuelven rápidamente al centro de la escena.
Uno de los grandes aciertos de la serie es el marco coreano. El colegio KISS y la ciudad de Seúl no funcionan como simple decorado: son motor del deseo, del choque cultural y del descubrimiento personal de Kitty. Esa identidad propia es lo que la despega del típico drama adolescente estadounidense y le da color y dinamismo a una historia que, de otro modo, podría haberse quedado en la superficie del género.
La serie entiende bien a su público pero no se limita a darle lo previsible. Sí hay triángulos amorosos, miradas largas y escenas pensadas para hacer gritar a los fans. Pero también hay búsqueda de identidad, duelo y el paso difícil entre la adolescencia y la adultez. Kitty no solo quiere enamorarse: quiere entender quién es y de dónde viene. Esa capa extra es lo que hace que la serie no sea solo una sucesión de shippeos y que funcione igual de bien para maratonear que para seguir semana a semana.
