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ESPECTÁCULO

«El maligno…»: Alejandra Maglietti reveló que su abuela fue a exorcizar su casa

 

La modelo recordó la reacción de su familia.

 
Alejandra Maglietti

Alejandra Maglietti tiene anécdotas para rato. En el programa Storytime, junto a Denise Dumas y el resto del panel, la modelo y panelista reveló lo que pasó en su familia cuando salió en Playboy: su abuela apareció en su casa con agua bendita convencida de que el maligno había entrado a la familia. «Fue a hacer un exorcismo a mi casa», contó entre risas, recordando el episodio como «un quilombo de novela».

El recuerdo de Alejandra Maglietti sobre su familia

Todo había comenzado con una decisión que no fue fácil. Maglietti había recibido dos ofertas casi al mismo tiempo: participar en Gran Hermano 2007 o posar para Playboy. Fue al casting de GH y terminó llorando sin poder explicar bien por qué. Su padre intervino y eligió la revista como «el mal menor». Durante un tiempo lograron mantener la noticia lejos de la abuela, pero cuando la revista llegó a Formosa, se agotó en minutos. «En Formosa un poco todo el mundo quería chusmearla», recordó. La abuela se enteró y la reacción fue inmediata.

Los desafíos de Maglietti no se limitaron al ámbito familiar. En sus comienzos en el modelaje porteño, enfrentó discriminación de todo tipo. Por su estatura, las revistas especializadas pedían «menos de uno setenta y tres, abstenerse», y el ambiente entre modelos era hostil y competitivo. «Había como una guerrita de las petisas versus las altas», describió.

Pero lo más duro fueron los comentarios xenofóbicos que recibió en los camarines. «De estar a punto de salir al desfile y que detrás me dijeran: ‘Paraguaya, eh, no sabés ni hablar, volvete a tu país’. No sabés las cosas que me decían, así de feas. Horribles», reveló en Bondi. Lejos de quedarse callada, Maglietti contó que siempre respondía: «Obvio que le contestaba», afirmó sin dudar.

La adolescencia también tuvo sus momentos memorables. Sus quince fueron una fiesta que no quería hacer, terminó cayéndose frente a todos los invitados, hubo una guerra de calabazas, se cortó la luz y la barra de tragos «terminó en una tragedia». «Solo quería que terminara esa fiesta», resumió. Lo que realmente hubiera querido era que el dinero se invirtiera en un auto vintage que veía estacionado cerca de su casa y que costaba lo mismo que el festejo. Su papá, sin embargo, insistió con la tradición.