Irán decidió no enviar a sus negociadores a la nueva ronda de conversaciones prevista en Islamabad, Pakistán, y comunicó su postura a través de medios vinculados a la Guardia Revolucionaria. La condición para retomar la participación presencial es clara: el levantamiento del bloqueo naval que Estados Unidos mantiene sobre sus puertos y el Estrecho de Ormuz, al que Teherán calificó de acto «ilegal y criminal» y una violación del alto el fuego vigente.
La decisión iraní choca con los planes que el presidente Donald Trump había anunciado previamente. El mandatario estadounidense confirmó el envío de una delegación de alto nivel para el lunes 20, encabezada por el vicepresidente JD Vance y con la participación del empresario Jared Kushner y el inversor Steve Witkoff, con el objetivo de retomar el diálogo y avanzar hacia lo que ambas partes describen como «un acuerdo de paz».
Negociaciones por la paz en Medio Oriente
Las conversaciones se desarrollan en el marco del conflicto bélico iniciado en febrero de este año, y la tregua vigente está próxima a expirar este miércoles 22, lo que agrega urgencia a un proceso que hasta ahora no ha dado resultados concretos.
El fin de semana pasado se celebró una primera ronda en Islamabad que terminó sin acuerdo, con diferencias centradas en la inclusión del Líbano en los términos de la tregua y en exigencias vinculadas al programa nuclear iraní. Pese al anuncio de no participar presencialmente, trascendió que el intercambio de mensajes indirectos a través de la mediación pakistaní continúa activo.
Sigue la guerra
El conflicto en Medio Oriente que dio origen a estas negociaciones estalló en febrero de 2026 y desde entonces dejó un saldo devastador en términos humanos y materiales. Los combates se extendieron por varios frentes simultáneos, con ataques aéreos y navales que afectaron infraestructura crítica en la región, generaron una crisis humanitaria de magnitud y sacudieron los mercados energéticos globales ante la amenaza de un corte en el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo que consume el mundo.
La posición iraní en las negociaciones está condicionada además por su situación militar. Pese a las pérdidas sufridas durante los primeros meses del conflicto, evaluaciones de inteligencia estadounidense indican que Irán conserva aproximadamente la mitad de sus sistemas de lanzamiento de misiles, miles de drones de ataque y cerca de la mitad de la capacidad naval de la Guardia Revolucionaria. Esa resiliencia militar, sostenida en parte por una extensa red de túneles y bunkers subterráneos, le otorga a Teherán margen para mantener una postura dura en la mesa de negociaciones y resistir las presiones externas sin sentirse en una posición de debilidad total.
