Connect with us

Hola, qué estás buscando?

POLÍTICA

Los ambientalistas de Fiambalá le torcieron el brazo a Raúl Jalil y se espera un efecto contagio

 

Durante el fin de semana los ambientalistas de Fiambalá comenzaron con los cortes de ruta que nadie en la Casa de Gobierno supo prever.

 
Raúl Jalil

(Por Diego Nofal).- Cualquiera que conoce Fiambalá dice exactamente lo mismo y no puede creer que ese no sea uno de los lugares turísticos más importantes de nuestra nación. El destino situado en Catamarca, tierra gobernada por Raúl Jalil, tiene aguas termales que parecen diseñadas por un hedonista empedernido, lagos turquesa que desafían cualquier filtro de Instagram y cumbres nevadas que se ven a lo lejos recortadas contra un cielo implacablemente diáfano.

Hoy ese pequeño paraíso enclavado en la desértica Catamarca se ha convertido además en un emblema inesperado de la lucha antiminera que agita los cimientos del poder provincial. Durante el fin de semana los ambientalistas de Fiambalá comenzaron con los cortes de ruta que nadie en la Casa de Gobierno supo prever con la suficiente astucia política.

Y con el bloqueo se encontró ni más ni menos que el Gobernador Raúl Jalil cuya agenda de repente se tiñó de un color verde furioso muy distinto al verde esperanza del marketing electoral.

Jalil, de ignorar la lucha antiminera a agachar la cabeza

Hasta este momento el mandatario provincial había decidido ignorar olímpicamente la lucha contra la minería en su provincia como quien ignora el zumbido lejano de un mosquito en una noche de verano insoportable. Esta vez no le quedó otra que agachar la cabeza y enfrentar una realidad que en Catamarca todos conocen aunque pocos en el poder se atrevan a pronunciar en voz alta frente a un micrófono encendido.

La minería no tiene licencia social alguna y tampoco le está dejando a los catamarqueños los beneficios laborales ni las regalías de ensueño que les habían prometido con gráficos de barras multicolores. Inclusive desde hace un tiempo se empezó a hablar de que muchos pobladores dejaron de considerar a la industria minera como una posibilidad real de salir adelante sin vender el alma al diablo del extractivismo.

Es que los ambientalistas han logrado que la gente comprenda que es bastante estúpido que te paguen monedas por sacar las riquezas de tu tierra y dárselas a otra persona que duerme en Dubái mientras vos mirás el polvo.

Pero vamos yendo al caso puntual de este fin de semana donde el Gobernador de Catamarca tuvo que enfrentar a los ambientalistas sin el escudo habitual de la burocracia o la distancia geográfica prudencial. Les contamos que recibió un petitorio contundente donde los ambientalistas lograron comprometerlo a no extender varios de los proyectos mineros que claramente no cuentan con la venia de los vecinos que viven sobre ese suelo.

El impacto en Catamarca del encuentro de Jalil con manifestantes

La Asamblea Ambiental de Fiambalá fue clara al respecto y sostuvo firmemente lo siguiente, “Con la llegada del Gobernador a Fiambalá, los vecinos y vecinas de Fiambalá y Tinogasta hicimos nuestro reclamo por la minera Zijin que ya causó accidentes ambientales y por la irresponsabilidad del gobierno de pretender seguir aprobando más proyecto mineros”.

La declaración continuó con una precisión quirúrgica que dejó poco margen para las interpretaciones edulcoradas: “El Gobernador Raúl Jalil recibió una nota con solicitudes de medidas concretas para frenar el deterioro que está produciendo la minería en el territorio y evitar más daños sobre los bienes comunes”. Y remataron con una lógica irrebatible que hasta el más acérrimo defensor del progreso a cualquier costo debería considerar, “Se habla mucho sobre remediar pero no de evitar daños ambientales por ende sociales y económicos”.

Por supuesto que luego de que Raúl Jalil haya recibido el petitorio y se retirara con el semblante algo más serio que el de un turista al que le cancelaron el vuelo el efecto contagio explotó en toda la provincia como pólvora regada sobre brasas calientes. Hoy por hoy las localidades de Las Mojarras y Fuerte Quemado están en pie de lucha con una determinación que asusta a los empresarios mineros y también a más de un funcionario que ya estaba contando las regalías antes de tiempo.

Raúl Jalil

Las regiones en pie de lucha para frenar la minería

El objetivo es evitar que un proyecto minero avance de manera despiadada sobre ruinas y construcciones prehispánicas que son fundamentales en las creencias y los cultos locales de una enorme riqueza histórica incalculable. Ya no se trata solo de defender el agua o los glaciares de escombros sino también de proteger la identidad y la memoria ancestral que ningún informe de impacto ambiental puede cuantificar.

Tras la interrupción de la ruta en Fiambalá ahora se empieza a hablar con mucha fuerza de la posibilidad de cortes masivos en diversos puntos estratégicos de la geografía catamarqueña. Uno de los primeros lugares donde se anticipa un bloqueo importante y que pondría los pelos de punta a más de un operador logístico es en la neurálgica Ruta 40.

Justamente se busca frenar los proyectos de esa zona con una medida de fuerza que dejaría a la provincia literalmente partida al medio durante horas o quizás días enteros. La licencia social de la minería en Catamarca ha quedado absolutamente extinta como aquella especie rara que uno veía en los documentales de National Geographic pero que ya no existe más. No parece haber posibilidades de que los catamarqueños den marcha atrás con esta idea porque el hartazgo ya superó ampliamente al miedo y a las falsas promesas de desarrollo.

Raúl Jalil

Fiambalá, un cachetazo de realidad

El Gobernador se encontró con una pared humana que no se derriba ni con decretos de necesidad y urgencia ni con discursos grandilocuentes sobre el futuro del litio o el cobre. Lo sucedido en Fiambalá es un cachetazo de realidad en un país que suele confundir la extracción voraz con el verdadero progreso sostenible y la mejora en la calidad de vida de su gente. Mientras tanto el paisaje sigue ahí imperturbable con sus lagos turquesa y sus termas que esperan pacientes a que alguien decida si las cuida para el turismo o las sacrifica en el altar del metal.

Quizás este sea el momento exacto en que Catamarca demuestre que la verdadera riqueza no se mide en toneladas de mineral exportado sino en la capacidad de mantener un paraíso terrenal sin volarlo en mil pedazos. Y eso sería un contagio que bien vale la pena propagar por todo el territorio nacional antes de que sea demasiado tarde para ponerse a remediar lo irremediable.

Raúl Jalil