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ESPECTÁCULO

Quiche Lorraine casera: la receta clásica que se hace en menos de una hora

 

Base crocante, relleno cremoso y el secreto del horneado

 
receta

La receta quiche Lorraine tiene fama de sofisticada, pero en realidad es mucho más simple de lo que parece. Esta tarta salada de origen francés funciona para todo: un brunch relajado, un almuerzo liviano o una cena acompañada con ensalada y vino. La clave está en dos ingredientes que no admiten reemplazo: huevos y crema. Todo lo demás puede variar, pero esa base cremosa es intocable.

Paso a paso de la receta de quiche Lorraine

Antes de pensar en el relleno, hay un paso que marca la diferencia: el horneado a ciegas. Consiste en cocinar la masa sola, forrada con papel y con peso encima, como porotos o arroz, antes de agregar cualquier ingrediente. Primero se hornea a temperatura alta unos minutos, luego se retiran los pesos y se completa una cocción breve. El resultado es una base firme, seca y perfectamente cocida que no se humedece con el relleno.

Con la masa lista, el armado fluye rápido. Se cocina el bacon hasta que esté dorado y crocante, se retira y en la misma sartén, con un poco de su grasa, se cocina la cebolla hasta que quede suave y ligeramente caramelizada. Aparte, se baten los huevos con la crema hasta integrar bien, se suma el queso, una pizca de nuez moscada, pimienta y apenas sal, teniendo en cuenta que el bacon y el queso ya aportan bastante.

Para el armado final, se distribuye primero el bacon sobre la base, luego la cebolla y se vuelca con cuidado la mezcla líquida. Se termina con parmesano rallado por encima y va al horno a temperatura media durante 35 a 40 minutos. El punto justo es cuando los bordes están firmes pero el centro todavía tiembla levemente: ahí está la textura cremosa y aterciopelada que define a una buena quiche.

El queso tradicional es el gruyère, pero puede reemplazarse por gouda, suizo o cheddar. La crema no debería eliminarse del todo: si se quiere alivianar, la opción es usar mitad crema y mitad leche. Se puede servir caliente, tibia o fría, siempre funciona, y con una ensalada fresca al lado se convierte en una comida completa y elegante.